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Cientos de activistas se concentran en Madrid para exigir el fin de la pena de muerte



Activistas de Amnistía Internacional Madrid se concentraron en el capital para exigir a Japón la puesta en libertad de Iwao Hakamada, el preso que más años lleva en el corredor de la muerte y denunciar la situación de Bielorrusia, único país europeo que aplica la pena de muerte. Aún existan más de 1.700 personas en corredores de la muerte a lo largo del mundo.
Madrid.- Hoy, 15 de octubre, cientos de activistas de Amnistía Internacional (AI) se han concentrado en el Parque del Retiro de Madrid para denunciar que aún existen más de 1.700 personas en corredores de la muerte a lo largo del mundo.
Una de estas personas es Iwao Hakamada, quién lleva condenado a muerte desde 1968. Es el preso que lleva más tiempo esperando ser ejecutado en Japón y en todo el mundo. Durante 43 años se le ha prohibido, como al resto de los reclusos, hablar con otros presos, ver la televisión, leer o dedicarse a intereses o aficiones personales.
En 1966 fue declarado culpable de asesinar al jefe de la fábrica donde trabajaba, a su esposa y a dos de sus hijos. Hakamada confesó su culpabilidad tras ser sometido a un interrogatorio policial durante 20 días sin contar con la asistencia de un abogado. Más tarde se retractó de su confesión, declarando que había sido sometido a malos tratos por la policía y obligado a firmar dicha confesión. Diversas apelaciones y peticiones de recursos se han rechazado. A los pocos meses de ser condenado a la pena capital y como consecuencia del régimen de aislamiento al que está sometido comenzó a mostrar síntomas de sufrir graves trastornos mentales y de conducta y su salud es un motivo de preocupación para Amnistía Internacional.
Amnistía Internacional España ha abierto una ciberacción a través de www.actuaconamnistia.org, desde la que se puede pedir a las autoridades japonesas que Hakamada Iwao sea puesto en libertad en consideración a su edad avanzada y a la enfermedad mental que padece, y que se revise su caso por ser declarado culpable en un juicio sin las debidas garantías.
Durante la concentración el actor Roberto Enriquéz ha leído un manifiesto dando apoyo a todas las personas que están condenadas a muerte y diciendo que “la pena de muerte es la negación más extrema de los derechos humanos, es arbitraria, irreversible y discriminatoria, realizándose de forma desproporcionada contra las personas económicamente desfavorecidas, las minorías raciales, étnicas o religiosas”.
Los y las activistas de derechos humanos de Amnistía Internacional también han denunciado la situación de Bielorrusia, único país europeo donde todavía se aplica la pena de muerte. Amnistía Internacional considera que hasta 400 personas podrían haber sido ejecutadas en Bielorrusia desde 1991, aunque la verdadera cifra no se conoce, debido al secreto existente en torno a las ejecuciones y señala la crueldad de la pena de muerte en este país, la cual no se limita al momento de la ejecución, ya que a los condenados se les suele decir que van a ser ejecutados, de un balazo en la nuca, sólo unos momentos antes de hacerlo y “a las familias de las víctimas no se les informa hasta semanas o meses después de haberse llevado a cabo la ejecución, y no se les devuelve tampoco el cadáver ni se les dice siquiera dónde está enterrado”, ha explicado Cecilia Dennis, activista de Amnistía Internacional Madrid.
Con este acto los y las activistas de AI en Madrid quieren recordar que la pena de muerte es la forma más extrema de tortura, y quiere poner de relieve los vínculos entre la pena de muerte y el uso de los malos tratos y la tortura, prohibidos por las normas internacionales de derechos humanos y el derecho internacional humanitario
Amnistía Internacional registra habitualmente casos de personas condenadas a muerte o ejecutadas tras haber sido declaradas culpables sobre la base de “confesiones” obtenidas bajo tortura o coacción en países como Arabia Saudí, China, Emiratos Árabes Unidos, Guinea Ecuatorial, Irán, Japón, Sudán, Taiwan y Yemen.
Al final de 2010 había al menos 17.800 personas condenadas a muerte en el mundo, a la espera que los gobiernos las mataran.
AI considera que la pena de muerte es la forma más extrema de pena cruel, inhumana y degradante. La falta de humanidad de su aplicación se pone de manifiesto en casos de todo el mundo. Los condenados describen sus terribles condiciones de vida en la prisión, la angustia de estar esperando su ejecución, en muchos casos por haber “confesado” bajo tortura un delito que aseguran no haber cometido.
En 1961, año en el que se inició el movimiento de activistas por los derechos humanos que es Amnistía Internacional, sólo nueve países habían abolido la pena de muerte para todos los delitos y apenas se consideraba la pena capital una cuestión de derechos humanos. Hoy, cincuenta años después, la tendencia mundial a la abolición de la pena de muerte es imparable, y la lucha de activistas de todo el mundo continúa.
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