Logo de Amnistia Internacional
CABECERA

Sección Española

Formulario para buscar dentro de la web de Amnistía España
CONTENIDO

Crónica

21-febrero-2012
Siria: "¿Cuánta sangre hemos de pagar hasta que el mundo nos ayude?"

En su espeluznante informe desde la frontera con Siria, el investigador de Amnistía Internacional Neil Sammonds revela el alcance de las torturas que sufren los detenidos en Siria.

Haz clic para ampliar
Amnistía Internacional habló con sirios que habían huido a Al Ramtha, al otro lado de la frontera, en Jordania. © Amnistía Internacional

En su cama del hospital de Al Ramtha, a unos kilómetros de la frontera con la gobernación siria de Deraa, Abu Suhaib me cuenta que hace dos días, él y la mayoría de los hombres de Al Taibe tuvieron que huir de la población al aproximarse el ejército sirio.

Abu Suhaib, un hombre elocuente de cuarenta y tantos años, dijo que él y un pequeño grupo de personas observaba lo que estaba ocurriendo cuando un misil antiaéreo lanzado en su dirección le llenó la pierna y el muslo izquierdos de trozos de metralla del tamaño de uvas y le seccionó el pulgar de la mano izquierda.

“Mi propia carne y mi sangre me salpicaron la cara”, dijo.

Entre varios heridos se lo llevaron a toda velocidad en una motocicleta hasta una casa vacía donde recibió unos rudimentarios primeros auxilios antes de poder cruzar la frontera.

Yo había conseguido acceder con algo de esfuerzo a un campo de refugiados de Al Ramtha, donde me encontré en un sótano con varios grupos de hombres, en su mayoría jóvenes, apiñados alrededor de un par de estufas de gas.

Los habitantes de la ciudad de Deraa y de las poblaciones de Naime, Al Taibe, Deal, Al Yiza, Tasil y Kaheel contaron que las fuerzas sirias habían lanzado misiles y disparado con morteros y ametralladoras pesadas contra las viviendas. Después fueron casa por casa deteniendo y golpeando a todos los varones, niños y adultos, que se quedaron.

Mientras el régimen aprieta la soga alrededor de Deraa, decenas de personas han muerto la semana pasada, sus casas han sido saqueadas en busca de dinero, joyas y ordenadores, y han destrozado los generadores.

Pero como dijo Abu Suhaib: “He visto cómo disparaban y mataban a muchos que estaban junto a mí, pero no tengo miedo de morir. Lo que temo es ser detenido”.

Los testimonios de primera mano de torturas de los sirios con los que he hablado esta semana en Al Ramtha, Irbid Ammán ayudan a entender la razón.

Las palizas brutales durante largos periodos, una y otra vez, durante días o semanas son habituales.

Los puñetazos, patadas, pisotones y palizas con culatas de fusiles de metal, palos o cables son tan habituales que apenas se comentan, aunque a veces producen lesiones que pueden ser mortales.

Tareq Ismail al Hariri, de 27 años, huyó de Al Taibe a Jordania hace 10 días, después de que las fuerzas de seguridad fueran a detenerlo por tercera vez.

Durante la primera de sus dos detenciones, que duró casi cinco meses, le habían tenido encerrado con cinco detenidos más en una celda de 1 por 1,7 metros.

Durante 18 días consecutivos lo sometieron al dulab —le flagelaron los pies desnudos 100 veces— y al shabeh, postura en la que se le atan juntas las muñecas a la víctima y ésta es suspendida en el aire, y en la que le propinaron descargas eléctricas y golpes, incluido con una porra en los genitales.

En su segunda detención lo sometieron al dulab en cuatro ocasiones. Lo encerraron con 24 hombres más en una celda de 4 por 3 metros después de haber padecido junto con otros la intensa y prolongada paliza de la “fiesta de bienvenida” y de permanecer 24 horas a la intemperie, vestido únicamente con la ropa interior.

Me dijo que a un compañero de celda le habían introducido en el ano una botella de cristal rota. A otro, mientras estaba suspendido en la posición del shabeh, le habían atado el pene a una gran bolsa de agua que después lanzaron con violencia por la sala. Un hombre de más edad con quien también compartió celda había muerto por falta de atención médica. “Les ves morir delante de ti, sabiendo que no puedes hacer nada”.

La determinación de personas, como aquellas con las que hablé en Al Ramtha, me asegura que los sirios seguirán luchando contra la brutal opresión. La falta de resolución de la comunidad internacional garantiza que la opresión continuará y que probablemente se intensificará aún más.

¿Cuánta sangre han de pagar los sirios hasta que el mundo les ayude?


Cómo puedes ayudar

Cómo puedes ayudar

Únete a Amnistía Internacional
Ayuda a poner fin a los abusos que causan la pobreza.
Visita nuestra Tienda
Regala o compra artículos de comercio justo de Amnistía Internacional.
Haz un legado
Asegura que tus principios seguirán siendo defendidos, siempre.

Pie de página