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Inicio Contra el terror, justicia EEUU y la guerra contra el terror EEUU secuestra y tortura
Estados Unidos ha detenido a unas 70.000 personas fuera de su territorio desde finales de 2001, y se cree que son más de 10.000 las que continúan en prisiones y campos de Estados Unidos, Cuba, Irak, y Afganistán. Según informes, también hay personas recluidas en otros lugares secretos de detención. Son “detenidos fantasma”, recluidos en secreto en prisiones conocidas y trasladados dentro de la prisión para ocultarlos del Comité Internacional de la Cruz Roja. Se sitúa así al detenido fuera de la protección de la ley y eso facilita la tortura y otros graves abusos contra los derechos humanos.
En el marco de la “guerra contra el terror” o escondiéndose tras su retórica, los gobiernos han trasladado a la fuerza a personas a otros países sin permitirles recurrir antes a los tribunales. En Estados Unidos se denomina a estas transferencias “entregas extraordinarias”.
Estados como China, Egipto, Gambia, Jordania, Kazajistán, Reino Unido, Suecia y España han participado en estas entregas en todo el mundo. Aviones empleados para las entregas de la “guerra contra el terror” han hecho escala en aeropuertos en Europa y en otras partes del mundo.
El Gobierno estadounidense ha enviado a personas a países con un claro historial de tortura, como Egipto y Siria. Los gobiernos que quieren pasar por alto esta prohibición internacional solicitan las llamadas “garantías diplomáticas”. Garantías oficiales al país receptor de que la persona en cuestión no va a ser maltratada. Pero, ¿cómo confiar en la palabra de países que siempre niegan que sus agentes torturen a sus presos a pesar de ser una práctica sistemática?
La tortura es inadmisible e ilegal, no importa donde se produzca y quien la lleve a cabo. Los Gobiernos no pueden librarse de su responsabilidad exportando a la gente al extranjero para que sea torturada.
"Estoy en una jaula como un animal. Nadie me ha preguntado si soy humano o no."
Wazir Mohammed, taxista afgano recluido en Bagram y Guantánamo, puesto en libertad a finales de 2003.
Tener recluida a una persona en detención secreta, sin revelar la suerte o el paradero del detenido, o el hecho mismo de su detención, constituye “desaparición”, una violación de derechos humanos en sí misma que pone al “desaparecido” en peligro de sufrir nuevos actos de tortura y malos tratos. La “desaparición” a su vez se ha revelado como constitutiva de tortura o malos tratos contra la persona “desaparecida” y contra sus familias, privadas de toda información y desesperadas por conseguir noticias.

“Estoy en Yemen, pero sigo siendo un prisionero de los Estados Unidos”
Muhammad Faraj Ahmed Bashmilah, yemení fue detenido en Jordania cuando viajaba de visita familiar. Estuvo en una prisión donde sólo vio a guardias jordanos y estadounidenses, hasta que fue trasladado bajo custodia a Yemen, más de un año y medio después. En los interrogatorios le hacían preguntas sobre su estancia en Afganistán pero nunca le dieron explicaciones de qué se le acusaba.