Los niños soldado,
un crimen de guerra
Madrid.- Hoy, 20 de noviembre, se celebra el Día
Universal del Niño. Con este motivo, Amnistía Internacional,
que participa en la Coalición para acabar con la utilización
de niños soldado, denuncia que en más de 35 países
de todo el mundo, entre 300.000 y 500.000 menores se ven obligados
a formar parte de ejércitos estatales, fuerzas paramilitares,
milicias civiles y grupos armados de oposición.
"El reclutamiento y la utilización de menores de 18
años en los conflictos armados constituyen crímenes
de guerra y, por consiguiente, son crímenes cometidos contra
toda la comunidad internacional, no sólo contra los niños ",
afirma Amnistía Internacional.
La organización presenta una nueva página web: www.actuaconamnistia.org para que los ciudadanos puedan colaborar en la lucha contra el
uso de niños y niñas en los conflictos. En esta página
puede firmarse una petición dirigida al presidente del Gobierno
español solicitándole que aproveche el papel que
nuestro país tiene actualmente en las Naciones Unidas, como
miembro no permanente del Consejo de Seguridad, para: promover
la adopción de medidas sancionadoras dirigidas a cualquier
parte involucrada en un conflicto que reclute niños y niñas
soldado y para conseguir la aprobación de medidas sancionadoras
dirigidas a los Estados que exportan armas a países en los
que existe constancia del reclutamiento de niños y niñas
soldado.
Las investigaciones
realizadas por la Coalición señalan,
por ejemplo, que en Colombia hasta 14.000 menores participan en
los enfrentamientos armados. Desde 1996, los niños combatientes
están en todos los grupos armados en la República
Democrática del Congo y representan un 35% de las tropas.
En Myanmar, unos 70.000 niños forman parte del ejército
estatal tras haber sido alistados por la fuerza mediante secuestro
o amenazas de prisión.
Testimonios espeluznantes
Los niños que Amnistía Internacional ha entrevistado,
tras escaparse o ser desmovilizados, ofrecen un testimonio espeluznante
sobre cómo los conflictos armados les han afectado tanto
física como psicológicamente. En palabras de un niño
soldado implicado en el conflicto de la República Democrática
del Congo: "Teníamos que caminar durante días.
Por la noche, tenía que asaltar pueblos para conseguir algo
de comida. En octubre, tomé parte en el ataque contra Uvira.
Fue horrible. Tenía miedo y no quería matar a nadie
ni que me mataran. Después del ataque, abandoné mi
arma y huí." Reclutamientos
a punta de pistola
Estos niños han sido secuestrados en la calle o sacados
de los colegios, campos de refugiados o campos de desplazados internos.
A otros muchos se los ha forzado a salir de sus casas a punta de
pistola. Según los informes recibidos, otros han sido reclutados
cuando jugaban cerca de su casa o iban andando por la carretera.
Algunos niños se han unido a las fuerzas del ejército
o la milicia de forma voluntaria, con el telón de fondo
de la separación de sus familias, las condiciones de pobreza
y el desplome de los servicios sociales básicos, como los
centros educativos y de salud. En
el frente de batalla
Tras varias semanas de entrenamiento, se
los despliega en las líneas
de combate para utilizarlos como carne de cañón.
Allí se los obliga a servir como señuelos, como detectores
de la posición enemiga, como guardaespaldas de sus comandantes
o como esclavos sexuales. La mayoría de las niñas
soldado han denunciado haber sido violadas o explotadas sexualmente
por sus jefes militares y otros soldados. A menudo, también
se utiliza a niños y niñas como porteadores de la
munición, el agua o los alimentos, y como cocineros. También
se obliga a los niños reiteradamente a cometer abusos, entre
ellos violaciones y asesinatos, contra civiles y soldados enemigos.
A algunos se los ha forzado a matar a miembros de su propia familia,
y a otros a participar en actos sexuales y de canibalismo con los
cadáveres de los enemigos muertos durante los combates.
A menudo se les administran drogas y alcohol para hacerlos insensibles
a las emociones cuando cometen estos crímenes. Secuelas
de por vida
El coste personal que pagan los niños soldados es muy elevado:
insensibilizados y traumatizados por la experiencia vivida, a muchos
les siguen asediando los recuerdos de los abusos que presenciaron
o que les obligaron a cometer. En el caso de las niñas soldado,
además de la brutalidad y el trauma derivados de la violación
en sí, las agresiones sexuales pueden producirles lesiones
físicas graves y embarazos forzados, así como contagio
de VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. Pasividad
de los responsables
El compromiso público de los gobiernos y grupos armados
por evitar que los niños sean utilizados como combatientes
discrepa del real. La desmovilización de niños soldados
ha sido demasiado moderada y limitada en su envergadura como para
aliviar el problema. En muchos casos, las iniciativas de desmovilización
no tienen en cuenta el papel fundamental que desempeñan
las familias y las comunidades locales en la feliz reintegración
del niño en la vida civil. La organización ha afirmado: "Más allá de
la abolición legal y política del reclutamiento y
utilización de niños soldados, deben ponerse en marcha
iniciativas encaminadas al desarrollo económico y la consolidación
de la paz, con el fin de que su desmovilización y rehabilitación
no tengan vuelta atrás”.
Más
información
» Gabinete de prensa de la Sección
Española de Amnistía Internacional:
91 310 12 77
» Centro de Documentación
de AI: web.amnesty.org/library/eslindex
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