EE. UU.: ¿Expulsar
hacia la tortura?
Londres.- Amnistía Internacional ha escrito
hoy 14 de noviembre al fiscal general de Estados Unidos instándole
a que investigue a fondo el trato recibido por Maher Arar, ciudadano
canadiense deportado el año pasado de Estados Unidos a Siria,
donde al parecer fue torturado y recluido durante meses en condiciones
crueles, inhumanas y degradantes.
“No sólo el gobierno estadounidense no se aseguró de
que Maher Arar no sería torturado en Siria, sino que, lo
que es más preocupante, da la impresión de que organizó activamente
su traslado a este país. Al hacerlo pasó por alto
ciertas garantías legales, como el derecho a recibir ayuda
consular y asistencia letrada en un procedimiento legal con las
debidas garantías”, ha dicho Amnistía Internacional.
La carta también hace referencia a los persistentes informes
y rumores sobre detenidos “entregados” en secreto a
países que acostumbran a violar los derechos de los detenidos
para conseguir información. Entre estos países figuran
al parecer Jordania, Marruecos y Egipto. El Washington Post publicó el
5 de noviembre las declaraciones de un alto funcionario del servicio
de información según el cual había habido “muchas
actividades de entrega” desde los atentados del 11 de septiembre
de 2001. En anteriores informaciones de prensa se han publicado
declaraciones de otros funcionarios en las que se apunta claramente
la posibilidad de que Estados Unidos esté enviando deliberadamente
a algunos detenidos a países donde los someterán
a abusos durante los interrogatorios.
Maher Arar fue detenido en el aeropuerto
John Fitzgeral Kennedy de Nueva York el 26 de septiembre de 2002
cuando viajaba en tránsito
hacia Canadá con pasaporte canadiense, y estuvo bajo la
custodia de Estados Unidos durante 13 días, durante los
cuales, según los informes, lo interrogaron sobre sus presuntos
vínculos con Al Qaeda. Tras “desaparecer” de
hecho de la custodia de Estados Unidos, más tarde se supo
que lo habían expulsado a Siria sin que se hubiera celebrado
ninguna vista con asistencia letrada y sin informar a su familia,
sus abogados ni el consulado de Canadá. Maher Arar quedó en
libertad recientemente tras pasar un año detenido sin cargos
en Siria.
Maher Arar volvió a Canadá el mes
pasado y allí contó con
detalles su experiencia a Amnistía Internacional. Según
afirma, agentes estadounidenses lo despertaron a primera hora
del 8 de octubre y le dijeron que lo iban a expulsar a Siria.
Los agentes hicieron caso omiso cuando protestó diciendo
que en Siria lo torturarían. Ya en el avión oyó decir
a miembros del equipo que lo acompañaba que Siria no quería
hacerse cargo de él directamente, pero que Jordania había
aceptado hacerlo. Tras una breve escala en Jordania, donde
según afirma le
pusieron grilletes y lo golpearon, lo llevaron a Siria y lo entregaron
al Far Falestin, rama palestina del servicio de información
militar sirio, conocida por torturar a los presos políticos.
Allí, según afirma, lo golpearon brutalmente con
cables de electricidad durante seis días de interrogatorio
y lo amenazaron con aplicarle descargas eléctricas y sentarlo
en la “silla metálica”, instrumento de tortura
que estira la columna. Al final se derrumbó y firmó un
documento en el que confesaba falsamente haber estado en Afganistán.
Maher Arar afirma que pasó más de 10 meses aislado
en una minúscula celda en un sótano sin luz a la
que llamaba “la tumba”. En el techo de la celda había
una pequeña rejilla que daba a un corredor y a través
de la cual ratas y gatos orinaban en la celda. No había
muebles, sólo dos mantas en el suelo. Durante los primeros
seis meses no vio la luz del sol.
“Estados Unidos parece haber cometido una grave violación
de sus obligaciones en virtud del derecho internacional al expulsar
a Maher Arar a Siria, directa o indirectamente”, ha dicho
Amnistía Internacional. La organización ha añadido
que también bajo la custodia estadounidense a Maher Arar
se le negaron sus derechos básicos, al mantenerlo incomunicado
los primeros seis días de detención y al no permitirle
acceder sin demora al consulado de Canadá.
Información general
El gobierno estadounidense parece haber vulnerado
tanto sus propias políticas como el derecho internacional al expulsar a
Maher Arar. El artículo 3 de la Convención contra
la Tortura prohíbe trasladar a nadie a otro Estado donde
haya motivos fundados para creer que esa persona correrá peligro
de ser torturada. En una carta dirigida al senador Patrick Leahy
en junio pasado, el consejero jurídico del Pentágono,
William Haynes, escribió que la política del gobierno
era “cumplir con todas sus obligaciones legales en el trato
a los detenidos” y que no transferiría a nadie a
un país donde pudiera ser torturado y, si es necesario,
pediría garantías al país de recepción
de que no se va a emplear la tortura contra la persona transferida.
El apartado dedicado a Siria del último informe sobre
derechos humanos del Departamento de Estado estadounidense afirma
que existen “pruebas creíbles de que las fuerzas
de seguridad siguen utilizando la tortura”. En un importante
discurso sobre Oriente Medio pronunciado el 6 de noviembre de
2003, el presidente Bush afirmó que Siria tiene una “tradición
de tortura”.
Más
información
» Gabinete de prensa de la Sección
Española de Amnistía Internacional:
91 310 12 77
» Centro de Documentación
de AI: web.amnesty.org/library/eslindex
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