Tailandia: La vuelta
a las ejecuciones, un paso atrás para los derechos humanos
Londres. Amnistía Internacional expresó hoy
su gran preocupación por la ejecución de cuatro hombres
en Tailandia. Es la primera vez que en este país se utiliza
la inyección letal como método de ejecución.
Además, 64 personas han agotado los recursos que marca
la ley y por consiguiente pueden ser ejecutadas en cualquier momento.
Hay al menos 970 condenados a muerte, lo que, según los
informes, es la cifra más alta de la historia de Tailandia.
Desde el año 2001 el total de condenados a muerte casi se
ha triplicado.
Muchas de las personas condenadas a muerte
lo fueron por delitos relacionados con la droga. Al parecer entre
ellos hay ciudadanos
de Ghana, Hong Kong, Laos, Myanmar y Singapur, y miembros de las
tribus de montaña del país, como la Hmong y la Yao.
Amnistía Internacional ha declarado hoy, 12 de diciembre: “La
vuelta a las ejecuciones representa un paso atrás para los
derechos humanos en Tailandia. Instamos a las autoridades a que
impongan una suspensión inmediata de las ejecuciones con
vistas a abolir la pena capital”.
“La ejecución es una grave violación del derecho
a la vida. Además, es un castigo irreversible y no se ha
demostrado que tenga un especial efecto disuasorio frente al delito”,
ha reiterado la organización.
“Reconocemos la necesidad de combatir
los delitos graves, pero instamos a las autoridades a que lo
hagan sin violar los derechos
humanos.”
Tailandia sustituyó el pelotón de fusilamiento por
la inyección letal como método de ejecución
en octubre de 2003. Las autoridades tailandesas han presentado
la introducción de esta tecnología como medida humanitaria
que garantiza menos “accidentes” durante la ejecución.
En Estados Unidos son cada vez más los expertos en derecho
y en medicina que también han expresado recientemente su
preocupación de que la mezcla de sustancias que se utilizan
en la inyección puedan hacer que el reo quede consciente
aunque paralizado y asfixiándose, y sienta un intenso dolor
antes de morir.
Información general
Boonlue Nakprasit, de 46 años, empresario, Panthapong Sinthusung,
de 41 años, Wibul Panasutha, de 49 años, y Panom
Thongchanglek fueron ejecutados hoy 12 de diciembre mediante inyección
letal. Los tres primeros habían sido condenados por fabricar
tabletas de anfetamina, y Panom Thongchanglek —detenido en
junio de 1999— por asesinato.
Amnistía Internacional ha recibido informes creíbles
de que la policía maltrata y tortura a los sospechosos para
conseguir que confiesen cuando están en prisión preventiva.
Las confesiones se utilizan frecuentemente como pruebas en los
juicios por delitos punibles con la muerte, y los acusados han
afirmado en los tribunales que la policía utiliza la fuerza
para hacerlos confesar.
Más información
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