Sudán: No se deben ejecutar las condenas de muerte
Amnistía Internacional ve con gran preocupación
cómo se les está acabando el tiempo a 88 personas,
incluidos dos niños, condenadas a muerte por ahorcamiento
o crucifixión en Sudán por su presunta participación
en enfrentamientos étnicos ocurridos en Rizeigat, Darfur
Meridional.
"Todo está mal en este asunto -ha manifestado
la organización-. No sólo se han impuesto condenas
de muerte, a lo que Amnistía Internacional se opone incondicionalmente,
sino que además el juicio ha sido manifiestamente injusto.
Entre los condenados hay dos niños, a pesar de la prohibición
mundial de la imposición de la pena de muerte a menores de
18 años.
Los tribunales de excepción, denominados
a veces tribunales especiales, condenaron a las 88 personas
a muerte por ahorcamiento o crucifixión en Nyala el 17 de
julio de 2002. Se les imputaban cargos como asesinato, robo a mano
armada y alteración del orden público, todos ellos
relacionados con unos enfrentamientos entre los grupos étnicos
rizeigat y maalayia ocurridos recientemente en Darfur Meridional.
Según informes, una semana después
los mismos tribunales condenaron a muerte a otras 15 personas, incluida
una mujer, por presuntos ataques contra dos pueblos. Habían
sido acusadas de asesinato, bandidaje y posesión ilegal de
armas de fuego.
Los dos niños condenados en el primer caso,
Gadim Hamdoum Hamid y Kabashi Alayan, tienen 14 años. Todos
los acusados en este caso fueron juzgados sin la debida asistencia
letrada y, según informes, algunos sufrieron tortura antes
del juicio. Los tribunales de excepción se establecieron
en Darfur en virtud de un estado de excepción declarado en
1998 y que permite burlar considerablemente la Ley de Procedimientos
Penales de Sudán. El estado de excepción constituye
también una violación de las normas internacionales
sobre juicios justos.
El 11 de agosto, el presidente del Tribunal de Darfur
rechazó una apelación interpuesta por los condenados,
que tienen ahora que apelar ante el Tribunal Superior de El Obeid
antes del 26 de agosto. Si no tienen éxito, su último
recurso será el Tribunal Constitucional.
El gobierno de Sudán debe ahora garantizar
que no se ejecutan las condenas. Debe poner fin a esta crueldad,
ha afirmado Amnistía Internacional, añadiendo que
la comunidad internacional tiene que indicar con claridad que se
opone categóricamente a que se lleven a cabo las ejecuciones.
Información general
Darfur ha sido escenario durante muchos años
de complejos conflictos entre grupos étnicos y de frecuentes
robos de bandidos armados. La región es terreno abonado para
la proliferación de armas pequeñas, lo cual fomenta
a menudo el gobierno con su estrategia de apoyar y armar a los grupos
étnicos locales para utilizarlos como fuerzas auxiliares
en su guerra de 19 años contra el principal grupo armado
de oposición, el Ejército Popular de Liberación
de Sudán.
El gobierno ha intensificado y extendido a las provincias
de Darfur Septentrional y Darfur Meridional el estado de excepción,
anunciado en diciembre de 1999 en Jartum y renovado cada año
desde entonces. En mayo de 2001 se establecieron en ambas provincias
tribunales especiales, o de excepción, para iniciar enjuiciamientos
por delitos como robo a mano armada, asesinato y posesión
y contrabando de armas. Estos tribunales están presididos
por dos jueces militares y un juez civil, y no permiten que los
acusados reciban asistencia letrada.
El Código Penal de Sudán, que está
basado en la interpretación que hace el gobierno de la ley
islámica (sharia) prevé condenas como la amputación
de extremidades, la muerte y la muerte seguida de crucifixión.
Estas penas son incompatibles con las normas internacionales de
derechos humanos y con las obligaciones contraídas por Sudán
en virtud del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
y la Convención sobre los Derechos del Niños, tratados
que ha ratificado, y de la Convención de la ONU contra la
Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes,
que ha firmado.
Amnistía Internacional no toma ninguna postura
sobre la adopción de la ley islámica en sí,
pero se opone incondicionalmente a la pena de muerte por considerarla
la forma más extrema de violación del derecho a la
vida, establecido en el derecho internacional. La organización
se opone a todas las formas de trato o pena cruel, inhumano o degradante,
como las amputaciones, y lucha por que se eliminen de todos los
códigos penales sin excepción.
Para más información o para solicitar
entrevistas, contacten con Celia Zafra en los teléfonos 91
310 12 77 ó 630 746 802.
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