España
exporta material de tortura al extranjero mientras el gobierno sigue
sin actuar
Amnistía
Internacional exige al gobierno español que prohiba la exportación
del material de tortura y controle a los intermediarios y transportistas
de armas
Mientras
los gobiernos continúan de brazos cruzados, los torturadores
de todo el mundo se están armando con un equipamiento cada
vez más sofisticado y, según un nuevo informe hecho
público hoy por Amnistía Internacional, el comercio
de este material va en aumento.
En
una carta entregada hoy al Secretario de Estado de Comercio, acompañada
de grilletes simbólicos "made in Spain", Amnistía
Internacional denuncia que tampoco España escapa a tan siniestro
comercio. De hecho, el pasado mes de octubre se descubría
que la empresa vasca Larrañaga y Elorza podía haber
exportado grilletes a Ruanda -país sobre el que pesa un embargo
de Naciones Unidas tras el genocidio de 1994- sin la pertinente
autorización del gobierno, requisito indispensable según
la legislación española.
Según
la información facilitada por el propio gobierno, esta empresa
no fue sancionada por violar la legislación vigente (Ley
de Represión del Contrabando) y únicamente tuvo que
inscribirse en el Registro Especial de Exportadores de Material
de Defensa y Doble Uso.
Además,
investigaciones posteriores han revelado que Larrañaga y
Elorza venía exportando habitualmente este tipo de material
desde una partida arancelaria muy distinta a la de "Armas y
municiones". Productos como los grilletes se "emboscaban"
en partidas como candados, cerraduras y cerrojos, metales comunes
y otras similares.
Estos
grilletes permiten encadenar a las víctimas por los tobillos,
encadenarles de las cintura e incluso atarles de pies y manos uniendo
esposas y grilletes con una cadena, vulnerando las Reglas Mínimas
para el Tratamiento de Reclusos y Detenidos de la ONU que especifican
que materiales como los exportados por esta empresa "nunca
deberían utilizarse como sanciones o medios de coerción".
A
través de este acto público que hoy celebramos, la
Sección Española de AI reclama al gobierno español
que prohíba el material policial y de seguridad cuyo uso
sea intrínsecamente cruel, inhumano o degradante y que se
suspendan las correspondientes transferencias de materiales como
los de Larrañaga y Elorza mientras se realice un examen riguroso
e independiente de aquellos productos con un riesgo sustancial de
abusos o lesiones imprevistas.
En
el informe de Amnistía Internacional, titulado Un
comercio execrable: el comercio de la tortura, se denuncia
que los medios de coerción mecánicos -esposas, grilletes,
cadenas, etc- se encuentran entre los dispositivos de seguridad
más utilizados y de los que más se abusa. En todas
las regiones del mundo se recurre a ellos de forma reiterada para
violar los derechos humanos de los presos. Y entre los clientes
de Larrañaga y Elorza no sólo figura Ruanda; también
forman parte de su cartera países con expedientes tan oscuros
de derechos humanos como Israel, Líbano, Emiratos Arabes,
EEUU, Yugoslavia, Túnez, Egipto, Venezuela, Ecuador o Brasil.
Es
precisamente el secreto y la falta de control de este comercio lo
que facilita que grilletes, barras y esposas lleguen a las manos
de los torturadores y que éstos los utilicen. El gobierno
español se comprometió hace ya cuatro años
a informar periódicamente, a través de una partida
específica, de las transferencias militares, de seguridad
y policiales que se produjeran desde España. Una promesa
que, a día de hoy, sigue incumplida.
Amnistía
Internacional ha exigido un control parlamentario previo de las
exportaciones de armas y ha pedido al gobierno español que
informe al Congreso de los Diputados de las armas y el material
de seguridad y policial exportados y de sus destinatarios. Igualmente,
AI aboga por la introducción de medidas de control de los
intermediarios y transportistas de armas en el ámbito de
la Unión Europea, a fin de evitar casos como el de Larrañaga
y Elorza.
El
comercio de material de tortura en el mundo
En
el plano internacional, el informe de Amnistía Internacional
revela que, a lo largo de los años noventa, aumentó
el comercio internacional de porras, escudos, pistolas y cinturones
paralizantes de electrochoque de alto voltaje. Es decir, una nueva
generación de materiales de tortura mucho más sofisticada
que la anterior.
Entre
estos nuevos dispositivos figuran las pistolas taser, que disparan
ganchos sujetos a un cable a una distancia de hasta 9 metros, y
los cinturones de paralización por control remoto utilizados
con los presos, que se sabe que pueden activarse accidentalmente
y lanzar una descarga de unos 50.000 voltios en los riñones
de la víctima por un lapso de hasta ocho segundos. Esta tecnología
comenzó a utilizarse en Estados Unidos y se ha extendido
a Asia, Europa y Sudáfrica.
"En
los años setenta sólo se conocían dos empresas
que comerciaban con armas paralizantes de electrochoque de alto
voltaje -ha manifestado Brian Wood, uno de los investigadores de
Amnistía Internacional que han participado en la elaboración
del informe-. Ahora hay más 150 en todo el mundo".
"Ante
la falta de medidas estrictas de control para impedir que este material
llegue a manos de torturadores, los gobiernos responsables deben
prohibir su exportación inmediatamente", ha añadido
Wood.
En
el informe se expone el caso de Mohammed Naguib Adu Higazi, detenido
por los servicios egipcios de información en 1997. Durante
su reclusión lo desnudaron y le aplicaron descargas eléctricas
con "un palo cilíndrico que tenía una espiral
de alambre". A pesar de saber que casos como éste seguían
ocurriendo en Egipto, Estados Unidos aprobó exportaciones
de porras de electrochoque, pistolas paralizantes y aparatos ópticos
de avistamiento a este país por valor de más de 40.000
dólares estadounidenses entre los años 97 y 2000.
El
material químico es otra de las estrellas de este comercio,
especialmente cuando se trata de controlar multitudes. La empresa
británica Pains-Wessex, por ejemplo, fabricó granadas
de gas lacrimógeno que se utilizaron contra manifestantes
pacíficos, incluidos mujeres y niños, en Zambia en
1997. A pesar de ello, dos años después, el gobierno
británico seguía concediendo licencias de exportación
de este material a Zambia. Tampoco en Estados Unidos ha dejado la
policía de comprar pulverizadores de pimienta -utilizados
por primera vez contra manifestantes en Seattle en 1999- a pesar
de que se sabe que van asociados a gran número de muertes.
Formación
militar y de seguridad
De
acuerdo con el informe de Amnistía Internacional, las transferencias
de conocimientos y técnicas militares, de seguridad y policiales
en el ámbito internacional también han servido para
practicar torturas. Hablamos, por ejemplo, de la implicación
de centenares de graduados en la estadounidense Escuela de las Américas
en violaciones de derechos humanos en Sudamérica o la formación
en cuestiones de seguridad que ha proporcionado Francia y que en
Togo se ha utilizado para intimidar y torturar a la población
civil.
"A
menos que la formación en materia de seguridad esté
sometida a estrictos controles y a vigilancia independiente, siempre
se correrá el riesgo de que se utilice para facilitar la
comisión de violaciones de derechos humanos", ha manifestado
Amnistía Internacional.
"Es
necesario realizar con urgencia cambios concretos en el modo en
que los gobiernos autorizan y vigilan la fabricación, transferencia
y uso de material y técnicas de seguridad", ha añadido
la organización.
En
particular, Amnistía Internacional pide a los gobiernos:
1.
La prohibición de la fabricación, uso y promoción
de material policial y de seguridad cuando dicho uso sea, por su
propia naturaleza, cruel, inhumano o degradante. Esta medida incluirá
los grilletes con barras, los cinturones paralizantes de electrochoque
y los aparatos que, debido a su propia naturaleza, causen dolor,
como las esposas dentadas para pulgares.
2.
La suspensión del uso de dispositivos de electrochoque, grilletes,
esposas para pulgares, planchas de inmovilización, sillas
de sujeción y armas de gas y de pimienta hasta que se realice
una investigación rigurosa e independiente sobre los efectos
de estos aparatos. Asimismo, se suspenderán las transferencias
de este tipo de material a otros países hasta que se conozcan
los resultados de la investigación.
3.Garantías
de que la formación de personal militar, de seguridad o policial
de otros países no incluya la transferencia de técnicas,
conocimientos ni tecnologías que puedan servir para practicar
torturas.
|