Oklahoma es el estado que está ejecutando presos a un
ritmo más rápido
Amnistía
Internacional hace público un nuevo informe sobre la pena
de muerte en el estado americano de Oklahoma
El
ritmo al que el estado de Oklahoma está ejecutando a presos
es el más alto per cápita de Estados Unidos, y supera
al de la mayoría de los países, incluidos China e
Irán, según ha declarado hoy Amnistía Internacional
al hacer público un informe sobre el uso de la pena capital
en Oklahoma. La
organización ha dicho: «Aunque Texas ha atraído
la atención mundial por su elevadísima cifra de ejecuciones,
su vecino de menor tamaño ha dictado condenas de muerte,
y las está ejecutando, a un ritmo más rápido». Al
mismo tiempo, Oklahoma está únicamente por detrás
de Florida e Illinois en lo que se refiere al número de condenados
cuya inocencia se descubre más tarde. Aunque Florida tiene
el triple de casos de inocencia que Oklahoma, los dos estados han
cometido el mismo índice de errores: una condena errónea
por cada aproximadamente 40 sentencias de muerte. Respecto a Illinois,
su «vergonzoso» historial de condenas erróneas
llevó a su gobernador a dictar una suspensión de las
ejecuciones en enero del 2000. Este
mismo mes, Frank Keating, gobernador de Oklahoma, conmutó,
a causa de las dudas existentes en torno a su culpabilidad, la condena
de muerte de Phillip Smith, un preso que había pasado 16
años condenado a muerte. Fue la primera vez que en el estado
se tomaba una decisión semejante en 35 años. El caso
de Smith es sólo uno de los muchos que se detallan en el
informe de Amnistía Internacional y que muestran la inquietante
disposición del estado a utilizar pruebas poco fiables para
imponer su castigo irrevocable. Amnistía
Internacional ha declarado: «Durante los dos últimos
años, estos casos han dado lugar a un incremento sin precedentes
de la preocupación nacional sobre la imparcialidad y la fiabilidad
de la pena de muerte. Los legisladores de Oklahoma deben responder
a esta preocupación y abandonar esta pena desfasada». Amnistía
Internacional ha enviado su informe de 100 páginas, Old habits
die hard: The death penalty in Oklahoma, a todos los miembros de
la Cámara de Representantes de Oklahoma, como contribución
para que el estado analice su política de recurrir a los
homicidios judiciales. La
implacable utilización de la pena de muerte en Oklahoma contrasta
bruscamente con la tendencia abolicionista mundial. Además,
el estado viola con frecuencia las salvaguardias internacionales
relativas al uso de la pena de muerte, por ejemplo ejecutando a
deficientes mentales. Sin ir más lejos, las autoridades llevan
más de 18 años tratando de ejecutar a Stephen Vann
White a pesar de que éste tiene un cociente intelectual de
67 y sufre esquizofrenia. En contra de lo establecido por las normas
internacionales, en 1999 Oklahoma se convirtió en el primer
estado de Estados Unidos en ejecutar, en cuatro décadas,
a un preso por un delito que había cometido cuando tenía
16 años de edad. Varias
de las personas ejecutadas en Oklahoma contaron con una asistencia
letrada inadecuada durante su juicio. El abogado que defendió
a Wanda Jean Allen (deficiente mental que, en el 2001, se convirtió
en la primera mujer negra ejecutada en Estados Unidos desde 1954)
no se había encargado nunca de un caso de pena capital y
apenas tenía recursos para preparar la defensa. Aunque
el estado asegura que ahora proporciona más fondos a su sistema
de abogados de oficio, sigue impugnando las resoluciones judiciales
que confirman que la asistencia letrada fue inadecuada. Por ejemplo,
actualmente el estado está recurriendo contra la anulación
de la condena de muerte de James Fisher, de cuya asistencia letrada
durante el juicio un juez de un tribunal federal de primera instancia
dijo que había sido «en la práctica, inexistente».
Este juez destacó que el abogado de James Fisher sólo
había pronunciado nueve palabras durante la fase de determinación
de la pena, cuando debería haber estado luchando por la vida
de su cliente. Amnistía
Internacional ha declarado: «El estado debe dejar de recurrir
las resoluciones judiciales sobre asistencia letrada inadecuada
y demostrar así que se toma en serio su deber de poner fin
al escándalo que supone el hecho de que acusados de delitos
punibles con la muerte no reciban una defensa adecuada». Además,
el informe de Amnistía Internacional destaca la tendencia
de los fiscales de Oklahoma a traspasar los límites de la
conducta profesional, por ejemplo defendiendo la utilización
de la pena de muerte contra menores de tan sólo 15 años
y pidiendo que se aplique, animando a los jurados a dictar condenas
de muerte por venganza o sugiriendo a los miembros del jurado que
Dios y la Biblia apoyan la pena capital. Ante esta situación,
la organización considera que la conducta indebida de los
fiscales pone en grave peligro el Estado de derecho y el respeto
por los derechos humanos. Amnistía
Internacional ha dicho: «Mientras gran parte del resto del
mundo avanza hacia unos niveles de justicia más elevados,
Oklahoma sigue anclado en el pasado. Ya es hora de que este estado
se una al mundo moderno y reconozca finalmente que es imposible
eliminar de la pena de muerte su arbitrariedad, su efecto embrutecedor,
su crueldad y sus posibilidades de dar lugar a que se cometa un
error fatal». |