Si
hay racismo, no puede haber justicia
Amnistía
Internacional presenta su nuevo informe.
«El
racismo es un flagrante atentado contra la
propia noción de derechos humanos
básicos: la idea de que éstos
pertenecen por igual a todas las personas.
Los sistemas de justicia deben desempeñar
un papel fundamental en la lucha contra el
racismo, pero con demasiada frecuencia acaban
perpetuándolo, al convertirse en reflejo
de los prejuicios de sus sociedades»,
ha declarado hoy Amnistía Internacional
en la presentación de su nuevo informe,
El racismo y la administración de
justicia.
El
informe es una contribución a la Conferencia
Mundial contra el Racismo, la Discriminación
Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas
de Intolerancia, de las Naciones Unidas,
que se celebrará en Durban, Sudáfrica,
del 30 de agosto al 7 de septiembre del 2001.
«El
racismo es una lacra de la humanidad que
está presente prácticamente
en todos los países del mundo. Los
gobiernos deben tomar medidas preventivas
para evitarlo y garantizar que la administración
de justicia se basa en que los derechos humanos
son de todos», ha señalado Amnistía
Internacional.
Cuando
el racismo no se controla puede originar
tragedias de gran magnitud. El mundo asistió
horrorizado a la matanza de hasta un millón
de personas en sólo 13 semanas en
Ruanda en 1994. La mayoría de las
víctimas pertenecían al grupo
étnico tutsi.
Pero
lo que casi nunca ocupa los titulares de
los medios de comunicación son los
abusos que se cometen diariamente en la administración
de justicia y cuya causa es, parcial o totalmente,
el racismo. En la mayoría de los países,
el racismo sólo puede detectarse observando
las estadísticas de detenciones, fallos
condenatorios y sentencias en relación
con la raza del acusado, la víctima
o los administradores de justicia.
En
Estados Unidos, los estudios han mostrado
una y otra vez que la raza, especialmente
la de las víctimas de asesinato, es
un factor clave a la hora de determinar quién
es condenado a muerte. El número de
víctimas de asesinato de raza negra
es prácticamente igual al de raza
blanca, pero más del 80 por ciento
de los presos ejecutados desde 1977 fueron
condenados por el asesinato de un blanco.
La
policía y el poder judicial están
implicados en lo que se conoce como el apartheid
oculto de la India. Más de 160 millones
de dalit -los antes llamados «intocables»-
están expuestos por su casta a sufrir
toda una serie de abusos contra los derechos
humanos, la mayoría de los cuales
no se investigan y quedan impunes.
En
una conferencia celebrada el año pasado,
un anciano dalit rememoró cómo
su esposa, su hija y sus dos hijos habían
sido quemados vivos junto con otras tres
personas cuando miembros de una casta superior
hindú prendieron fuego a tres cabañas
de familias dalit. Su primogénito,
el primer licenciado universitario del pueblo,
había sido asesinado dos años
antes, también a manos de miembros
de una casta hindú. Todos los dalit
del pueblo habían huido, y ninguno
quería regresar porque pensaban que
la policía no los protegería.
«En
todo el mundo hay una relación manifiesta
entre el racismo y la brutalidad de los funcionarios
públicos. En muchos países,
las minorías étnicas sufren
a menudo hostigamiento, malos tratos y torturas
a manos de la policía, y luego juicios
sin garantías, sentencias discriminatorias
y duras condenas, entre ellas la pena de
muerte», afirma Amnistía Internacional.
Las
minorías étnicas tienen más
probabilidades de sufrir discriminación
vivan donde vivan. En el Reino Unido se ha
demostrado que, en ocasiones, la policía
no actúa ante las agresiones racistas.
En Turquía, las leyes no reconocen
a la comunidad kurda y hablar públicamente
del «pueblo kurdo» puede suponer
la cárcel. En toda Europa, los romaníes
a menudo se consideran delincuentes y son
sometidos a palizas.
Se calcula que unos 300 millones de indígenas
siguen sufriendo discriminación en
casi todos los aspectos de su vida, y muchos
son víctimas de otros graves abusos
contra los derechos humanos. La falta de
protección estatal incrementa su vulnerabilidad.
En
Honduras, durante los últimos años
la policía ha hostigado a los indígenas
que han decidido proteger sus derechos. El
gobierno ha firmado varios acuerdos con líderes
indígenas, pero la protección
sigue siendo inadecuada. Durante la última
década, han muerto unos 25 líderes
comunitarios indígenas que luchaban
por sus derechos.
En
Australia, los aborígenes continúan
sufriendo retraso económico, desintegración
social y discriminación sistémica.
En 1997, una mujer aborigen dijo a unos agentes
de policía en el Territorio del Norte
que la habían violado dos hombres.
Los agentes la detuvieron porque había
una orden de búsqueda pendiente contra
ella por no haber comparecido ante un tribunal
por un cargo de menor importancia. Aunque
un médico confirmó que había
sido víctima de una violación,
la llevaron al tribunal en medio de la lluvia,
encerrada en una jaula descubierta situada
en la parte de atrás de una furgoneta
policial. Según los informes, los
policías justificaron el trato que
le dieron alegando que estuvo mejor atendida
que en su «primitiva» casa comunitaria
aborigen.
En
todo el mundo, los extranjeros, incluidos
los trabajadores migratorias y los solicitantes
de asilo, viven en entornos xenofóbicos,
a veces promovidos por las autoridades y
que casi siempre se ven reflejados en la
administración de justicia. Cada vez
es más frecuente la detención
de los solicitantes de asilo durante meses
e incluso años mientras se examinan
sus peticiones de protección.
En
diciembre del 2000, un ciudadano iraquí
de 31 años se suicidó en el
campo de refugiados de Al Rafha, situado
en el desierto septentrional de Arabia Saudí,
donde vivía desde principios de los
años 90. En el campo había
otros 5.000 refugiados que vivían
en las mismas condiciones desde el final
de la Guerra del Golfo.
Desde
el principio, las autoridades saudíes
se refirieron a ellos como «invitados»,
negándose a considerarlos refugiados
aunque la Constitución del país
establece: «El Estado concederá
asilo político si así lo exige
el interés público[...]».
La mayoría de los 33.000 hombres,
mujeres y niños que inicialmente vivían
en el campo han sido reasentados por las
Naciones Unidas.
El
informe de Amnistía Internacional
pide a todos los gobiernos que adopten planes
nacionales de actuación para combatir
el racismo y que incluyan en ellos medidas
concretas relativas a la administración
de justicia. El informe formula varias recomendaciones,
como asegurarse de que las leyes nacionales
prohíben cualquier forma de discriminación,
investigar las denuncias de abusos racistas
a manos de funcionarios pertenecientes a
la administración de justicia y garantizar
que la policía actúa de forma
no discriminatoria.
«Sin
embargo, el racismo no existe sólo
en la institución del Estado, sino
que puede encontrarse en cualquier ámbito
de la sociedad civil. La responsabilidad
de combatirlo, por tanto, alcanza a todos
los ciudadanos.»
Amnistía
Internacional presenta su informe en un momento
en que aumenta la preocupación de
que las disputas políticas puedan
hacer fracasar la Conferencia Mundial contra
el Racismo. Gran parte de los preparativos
de la conferencia han fracasado al no poder
llegarse a un acuerdo sobre la forma de tratar
el legado de la esclavitud y el colonialismo,
y se ha prestado poca atención a la
necesidad de resolver las diversas y extendidas
formas de racismo contemporáneo.
«El
mundo debe reconocer los errores del pasado
para comprender mejor el presente y avanzar
hacia un futuro libre de la lacra del racismo»,
ha afirmado Amnistía Internacional.
«Los gobiernos no deben permitir que
la Conferencia Mundial fracase. Es una oportunidad
demasiado importante para lograr un gran
avance contra el racismo y llevar la esperanza
a innumerables personas en todo el mundo».
Para
los documentos y comunicados de prensa traducidos
al español consulten el «Centro
de documentación» de las
páginas web de EDAI.
Si desean más información,
pónganse en contacto con la oficina
de prensa de Amnistía Internacional
en Londres, Reino Unido, en el número
+ 44 20 7413 5566 o visiten nuestro sitio
web en http://www.amnesty.org.
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