China
Tortura extensiva:
de policías a recaudadores de impuestos pasando por funcionarios
encargados del control de la natalidad
En
mayo de 1998, funcionarios comarcales encargados del control de
la natalidad atraparon a Zhou Jiangxiong: lo colgaron boca abajo,
lo azotaron y golpearon repetidas veces con palos, lo quemaron con
cigarrillos, lo marcaron con hierro candente y le arrancaron los
genitales. A este
campesino de la provincia de Hunan de 30 años de edad lo
torturaron hasta matarlo para obligarlo a revelar el paradero de
su esposa, supuestamente embarazada sin permiso. En
el último informe que sobre la tortura en China ha publicado
hoy Amnistía Internacional se asegura, entre otras muchas
cosas, que lo malo de este suceso es que no se trata de un incidente
aislado, pues cada año mueren multitud de personas en China
a causa de la tortura, práctica que en ese país es
sistemática y generalizada y que se inflige en casi todas
las instituciones del Estado, desde comisarías de policía
a campos de «reeducación por el trabajo», pasando
por los propios hogares, lugares de trabajo e incluso en público.
Cualquiera, además, puede ser víctima de tortura:
presuntos delincuentes, disidentes políticos, trabajadores
o simples viandantes y también funcionarios. La
organización ha declarado: «Pese a que el gobierno
ha manifestado su compromiso de combatir la tortura, rara vez se
salda una investigación con el procesamiento del torturador
y los investigadores no dudan en aceptar sin rechistar la versión
oficial». Tal
compromiso, por otra parte, queda desautorizado por las propias
directivas gubernamentales que se cursan durante las campañas
periódicas de «mano dura» contra el crimen y
de represión política, como las emprendidas contra
Falun Gong y los presuntos «separatistas» de la Región
Autónoma Uigur del Sin-kiang. En tales circunstancias, a
los funcionarios se les da carta blanca para recurrir a cualquier
medio que estimen oportuno para conseguir resultados rápidos. Se
cita cada vez más a una variedad más amplia de funcionarios
del Estado como torturadores: recaudadores de impuestos y cobradores
de multas, jueces, fiscales, secretarios judiciales, dirigentes
municipales y políticos y todo tipo de agentes de seguridad. En
el año 2000, medios periodísticos de Shenzen sacaron
a la luz una serie de casos en los que agentes de seguridad que
trabajaban en negocios locales habían golpeado, torturado
e incluso matado a clientes que se habían quejado por los
precios o que eran sospechosos de hurto. La
policía tortura a muchas mujeres, a las que acusa de prostitución,
entre otras cosas violándolas y abusando sexualmente de ellas.
La policía está facultada para multar instantáneamente
a presuntas prostitutas y enviarlas a ellas y a sus presuntos clientes
por periodos de hasta dos años a centros de detención
para su «custodia y educación». El resultado
de esta práctica policial de detención y tortura de
mujeres es la obtención de listas de presuntos clientes para
someterlos a chantaje. Muchas presuntas prostitutas y sus clientes
han muerto bajo tortura. Corren
también el riesgo de ser torturados quienes puedan parecer
«vagabundos»: En julio de 1999 viajó a Cantón
por motivos de trabajo una mujer a la que, nada más llegar,
le robaron el equipaje. La policía la detuvo tomándola
por una vagabunda mentalmente enferma. La violaron en grupo en un
hospital para vagabundos enfermos, discapacitados y enfermos mentales.
Su familia hubo de pagar «honorarios de tratamiento»
para lograr su liberación de aquel lugar. Posteriormente
la mujer logró identificar a 8-9 sospechosos y presentó
varias denuncias formales y solicitudes de indemnización
por lo que le habían hecho. Las investigaciones, sin embargo,
quedaron paralizadas hasta que la prensa dio a conocer lo sucedido
a la opinión pública. La
tortura de disidentes políticos sigue siendo práctica
común en China. Son muy pocos los presos políticos
encarcelados en la Región Autónoma Uigur del Sin-kiang
y en el Tibet que escapan a la tortura. En julio de 1999, Zulikar
Memet, de origen étnico uigur, negó los cargos de
actividad separatista que contra él se habían formulado
afirmando que lo habían torturado para que «confesara»
y mostrando al tribunal que lo juzgaba las marcas que aún
tenía de tortura, entre otras las uñas que le faltaban
en los dedos y que le habían extraído. No hubo investigación.
Según los informes disponibles, Zulikar Memet fue ejecutado
el 14 de junio del año 2000. Para
acabar con los disidentes se recurre también a su internamiento
en centros de salud mental, obviamente no por motivos psiquiátricos.
Xue Jifeng, activista sindical de la provincia de Henan, estuvo
internado a la fuerza entre el mes de diciembre de 1999 y el mes
de junio del 2000 en el Hospital Psiquiátrico de la Ciudad
de Sin-kiang, donde lo obligaron a ingerir drogas. No lo dejaron
salir hasta que se comprometió a dejar de participar en política
y de «ocuparse de los asuntos de los demás». Los
medios de comunicación chinos han venido desempeñando
últimamente una importante función en la denuncia
de casos de estas características y en el fomento de un creciente
debate sobre el abuso de poder por parte de la policía, sobre
los vacíos legales existentes en la legislación ante
los que quedan desprotegidos los ciudadanos, y sobre los horrores
de ciertos tipos de detención. De todos modos, no se atreven
a informar sobre denuncias de tortura relacionadas con casos «políticos». Amnistía
Internacional ha manifestado: «La tortura sigue siendo uno
de los principales motivos de preocupación que suscita China
en materia de derechos humanos. Se amplía la variedad de
funcionarios del Estado que recurren a ella, como también
el círculo de las víctimas potenciales. El gobierno
ha reconocido durante muchos años que la tortura es un problema
grave que tiene el país, pero poco o nada ha sido lo que
ha hecho para solucionarlo. Es hora ya de que actúe de verdad». En
el informe se formulan varias recomendaciones al gobierno, entre
las que figuran las siguientes: Aplicación de una política
de tolerancia cero a la tortura; exclusión en todo proceso
judicial de toda prueba que se haya extraído bajo tortura;
cese de las detenciones arbitrarias y en régimen de incomunicación;
garantizar a los detenidos acceso a abogados, familiares y tratamiento
médico; y constitución de un mecanismo de denuncia
efectivo. Si
desean más información, visiten la Campaña
contra la Tortura de Amnistía Internacional en este mismo
sitio o el sitio web www.stoptorture.org
(en inglés). |