Amnistía Internacional
Comunicado de prensa
Fecha:
10
de julio de 2001
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Amnistía
Internacional presenta un nuevo informe sobre
la tortura en México
México,
¿puerta de entrada también para los derechos
humanos?
Madrid.- A
pocos días de finalizar el encuentro entre
los presidentes de los gobiernos español
y mexicano, Amnistía Internacional se pregunta
si las "puertas abiertas" en las relaciones
comerciales a las que se ha referido Vicente
Fox lo estarán también a los derechos humanos.
México es uno de los primeros países extranjeros
que visita José María Aznar desde que la
Sección Española de AI publicara su Informe
Anual de Política Exterior, en el que se
hacían una serie de recomendaciones al gobierno
español con respecto a sus relaciones con
este país. Cabe recordar que México firmó
en julio de 2000 un acuerdo de libre comercio
con los miembros de la Unión Europea que
incluye una claúsula democrática referida
a la situación de los derechos humanos en
el país.
Sabemos que el presidente Aznar ha viajado
acompañado de una nutrida representación
empresarial, pero nos gustaría saber también
si ha encontrado tiempo para reunirse con
las organizaciones locales de derechos humanos
y si ha transmitido a Fox la necesidad de
que se investiguen todas las denuncias de
torturas registradas en su país.
Estas investigaciones se hacen aún más necesarias
a la vista de un nuevo informe hecho público
hoy Amnistía Internacional en el que se documenta
la persistencia de la tortura de forma generalizada
en el país. El informe lleva por título «México:
Justicia traicionada. La tortura en el sistema
judicial».
En él, la organización de derechos humanos
afirma que el gobierno del presidente Fox
debe tomar medidas concretas para lograr
el éxito donde anteriores gobiernos han fracasado
siempre: erradicar la tortura en México.
«Para que México abra un nuevo capítulo y
por fin se libre de la vergüenza de la tortura
es necesario realizar una reforma radical
del sistema judicial y fomentar entre sus
miembros una cultura que rechace y castigue
el uso de la tortura y los malos tratos como
métodos de investigación», añadió la organización.
Durante una visita oficial a México en marzo
del 2001, Amnistía Internacional presentó
al presidente Vicente Fox varios casos no
resueltos de tortura y malos tratos. «Cuatro
meses más tarde -afirma la organización-
aún no hemos visto que se hayan realizado
avances en ninguno de los casos.» «Y lo que
es peor, hay indicios de que se sigue utilizando
la tortura para conseguir confesiones y garantizar
condenas en el marco de unos servicios de
investigación criminal y peritaje ineficaces
y poco desarrollados.»
Un caso reciente y muy representativo fue
el de tres jóvenes del estado de Chiapas
que afirmaron haber sido torturados por la
policía para que se confesaran autores de
un delito. Los agentes les dieron culatazos,
los golpearon con palos, y a uno de ellos
le metieron la cabeza en una bolsa de plástico
y le quemaron la muñeca izquierda. Sin embargo,
su denuncia se desestimó y no se incluyó
en el sumario.
Actualmente la carga de la prueba recae sobre
la víctima en los casos de presuntas torturas,
pero incluso en las ocasiones en que se presentan
a los jueces convincentes pruebas periciales
de tortura, éstos nunca ordenan investigar
las denuncias.
«Hay cientos de casos de tortura sin resolver
que constituyen alarmantes ejemplos de cómo
el poder judicial ha contribuido a perpetuar
la práctica de la tortura al aceptar automáticamente
pruebas conseguidas bajo coacción sin hacer
caso de las denuncias de las víctimas», ha
manifestado Amnistía Internacional.
En 1993, Alfonso Martín del Campo Dodd fue
condenado a 50 años de cárcel por asesinato.
La condena se basó en una confesión que el
acusado firmó tras haber sido torturado por
unos 10 agentes de policía. Los informes
médicos demostraban que sufrió lesiones durante
el interrogatorio, y el agente al mando confirmó
que a Alfonso Martín del Campo lo obligaron
a desnudarse, lo amenazaron, lo golpearon
por todo el cuerpo y le metieron la cabeza
en una bolsa de plástico. Sin embargo, no
bastó con esto para poner en duda su «confesión».
El policía responsable del interrogatorio
fue despedido e inhabilitado para ejercer
cargos públicos durante tres años, pero no
se le imputaron cargos penales en relación
con las denuncias de tortura.
«Casos como éste ponen de manifiesto la necesidad
de realizar cambios radicales en el funcionamiento
del sistema judicial, así como de tomar medidas
firmes para terminar con la impunidad generalizada
que casi invariablemente protege a los torturadores»,
señaló Amnistía Internacional, subrayando
que son raras las denuncias de tortura que
se investigan de forma adecuada, y que los
responsables están prácticamente seguros
de que nunca se tendrán que enfrentar a la
justicia.
«Uno de los factores que contribuye a la
impunidad es el hecho de que los miembros
del ejército implicados en actos de tortura
son investigados por tribunales militares»,
añadió la organización. «Todos los casos
de tortura deben ser juzgados por tribunales
civiles, independientemente de que las víctimas
sean militares o civiles.»
Más información:
Gabinete de prensa de la Sección Española de Amnistía
Internacional, Tel., 91 310 12 77
Documentos y comunicados de prensa: Centro de Documentación
de AI: web.amnesty.org/library/eslindex
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