Amnistía Internacional
Comunicado de prensa
Fecha:
6
de junio de 2001
Texto completo del
Informe
2001
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Amnistía
Internacional hace público su tercer Informe
Anual sobre la Política Exterior española
en materia de derechos humanos
La
política exterior española defiende cada
vez más los intereses comerciales y menos
los derechos humanos
(Madrid) Amnistía
Internacional ha analizado por tercer año
consecutivo la defensa de los derechos humanos
en la acción exterior de España.
El informe que se presenta hoy advierte de una
realidad "extremadamente peligrosa"
en la política internacional española:
"a medida que el peso económico
de España en el mundo se expande, la
acción del gobierno en el extranjero
se centra cada vez más en defender los
intereses económicos y comerciales del
país, mientras los derechos humanos pasan
a ocupar un lugar cada vez más reducido
en esta política", afirma la organización.
Amnistía Internacional revela en su informe que, a lo
largo de 2000, el presidente Aznar y el Ministro de Asuntos
Exteriores, Josep Piqué, cimentaron unas relaciones
privilegiadas con países como China, Colombia, Guinea
Ecuatorial, Rusia o Argelia, basadas casi exclusivamente en
los intereses económicos de España y donde la
defensa de los derechos humanos, gravemente comprometidos en
esos estados, ha pasado a un plano insignificante cuando no
ha sido directamente obviada. A lo largo de 2000, el Gobierno
español ha concedido créditos a estos países
por valor superior a 195.000 millones de pesetas.
El documento llama también a la responsabilidad de las
empresas españolas, cuyo impacto en el exterior es cada
vez mayor, para que respeten y fomenten los derechos humanos
en los países donde se instalan. Nutridas delegaciones
empresariales han acompañado a lo largo de 2000 al presidente
y al Ministro de Asuntos Exteriores en sus viajes en el exterior,
y sus intereses son asunto preferente en los contactos de las
autoridades españolas con sus homólogos de China,
Rusia, Argelia, Marruecos o México. Por ello, Amnistía
Internacional recomienda al Gobierno español que fomente
códigos de conducta para las empresas españolas
que operan en el exterior.
En este contexto de privilegio de los intereses económicos
en la acción exterior de España, el informe realiza
un profundo análisis de la exportación de armas
y transferencias militares, de seguridad y policiales, llegando
a la conclusión de que la información proporcionada
por el gobierno en este capítulo está marcada
por el secretismo y carece de premura y exactitud.
Amnistía Internacional ha detectado el tránsito
por España de material bélico con destino a Sierra
Leona, país bajo embargo de armas por la ONU, y ha identificado
la posibilidad que compañías españolas
puedan exportan productos susceptibles de ser utilizados para
la tortura a países donde se violan los derechos humanos.
"España -subraya el informe en
su capítulo reservado a la comparación
con otros estados- carece de iniciativa propia
y liderazgo en la promoción de los
derechos humanos" en el mundo y ha quedado
rezagada de sus socios europeos. A juicio
de Amnistía Internacional, España
pierde en la comparación con países
como el Reino Unido o Alemania, que han establecido
mecanismos innovadores en el control del
impacto de sus multinacionales sobre los
derechos humanos, la lucha por la erradicación
de la tortura y la pena de muerte o la publicación
de informes anuales sobre su política
exterior de derechos humanos. "Mientras
tanto -señala la organización-
el Gobierno español se contenta con
mantener una discreta política de
mínimos basada en el consenso de la
Unión Europea."
El documento destaca algunos puntos positivos en la acción
exterior española durante 2000, como la ratificación
del Estatuto del Tribunal Penal Internacional en octubre, la
firma de los protocolos de las convenciones contra la discriminación
de la mujer y sobre los derechos de los "niños
soldado" y algunas acciones concretas en relación
con los españoles condenados a muerte en Estados Unidos
y Yemen y en casos de desaparecidos o torturados en Argelia
y Guinea Ecuatorial.
Sin embargo, la organización de derechos humanos, que
celebra este año su 40 aniversario,
lamenta que estos progresos hayan quedado
ensombrecidos por actitudes como la creciente
marginación de los derechos humanos
en la construcción de su política
exterior general o la persistente falta de
interés por colaborar con las organizaciones
no gubernamentales de derechos humanos. Amnistía
Internacional concluye preguntándose
si tiene que ser incompatible defender los
intereses económicos de España
y liderar al tiempo la defensa de los derechos
humanos en el mundo.
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