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Comunicado de prensa

     
Amnistía Internacional

Comunicado de prensa

Fecha:
28 de marzo de 2000

 

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Arabia Saudí: Campaña mundial para poner fin al secreto, al sufrimiento y al silencio

Les pido, en nombre de Dios y de la humanidad [...] que me ayuden, porque no tengo a nadie que pueda ayudarme aquí en Arabia Saudí. Mi pobre familia ha hecho todo lo que podía, pero creo que han perdido la esperanza [...] En esta prisión [...] no podemos tener contacto con el mundo exterior, no podemos defendernos [...]

Carta de una mujer acusada de asesinato, delito punible con la muerte, 1999.

En Arabia Saudí, todos los días hay personas que sufren el terror y la injusticia, pero los gobiernos del mundo parecen indiferentes a su situación, ha declarado hoy Amnistía Internacional en la presentación de su primera campaña mundial para denunciar y combatir las violaciones de derechos humanos generalizadas que se cometen en este país.

«Presentamos hoy una campaña contra las detenciones arbitrarias, la tortura y las ejecuciones en Arabia Saudí porque ya es hora de que se rompa la barrera del secreto y del silencio», afirmó la organización. 

«Queremos poner fin al sufrimiento en Arabia Saudí. Sufrimiento causado sobre todo por el secreto que rodea el funcionamiento del sistema de justicia penal. Sufrimiento que se produce mientras la comunidad internacional guarda silencio.»

El secreto y el miedo impregnan casi todos los aspectos de la estructura del Estado en Arabia Saudí. Las víctimas y los testigos presenciales sienten demasiado miedo para hablar. Todo el que se atreve a expresar su desacuerdo es duramente castigado.

«Cualquier crítica, pensamiento o actividad independiente que pueda cuestionar las políticas del Estado suscita la cólera del gobierno y desemboca invariablemente en una brutal acción de represalia», subrayó Amnistía Internacional.

«Esto crea un clima de temor fomentado por el secreto, por un gobierno que prohíbe todos los partidos políticos, sindicatos, y asociaciones de abogados y organizaciones de derechos humanos independientes. Un gobierno que hace caso omiso de los principios más básicos de derechos humanos.»

Amnistía Internacional ha expuesto en reiteradas ocasiones al gobierno de Arabia Saudí los abusos que se cometen contra los derechos humanos y ha invitado reiteradamente al gobierno a entablar un diálogo constructivo para reparar estos abusos. ¿La respuesta? El silencio.

La responsabilidad de esta grave situación no sólo recae sobre el gobierno de Arabia Saudí, sino también sobre la comunidad internacional. Hace demasiado tiempo que los gobiernos guardan silencio sobre Arabia Saudí, y por eso Amnistía Internacional expondrá los motivos de preocupación de la organización ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, que aún no ha abordado públicamente la grave situación de los derechos humanos en este país.

«El año pasado, los Estados Miembros de la ONU permitieron que Arabia Saudí saliera del atolladero al retirar a este país del examen en virtud del procedimiento confidencial 1503. Pero ¿cuánto tiempo se pueden subordinar los derechos de 19 millones de personas a los intereses económicos y estratégicos? -se preguntó Amnistía Internacional-. ¿Cuánto tiempo pueden callar los gobiernos las graves violaciones de derechos humanos que se cometen en Arabia Saudí y que afectan a un amplio abanico de víctimas?»

Víctimas de la discriminación: Los oponentes políticos y religiosos del gobierno, los trabajadores migratorios, las mujeres y otras personas que carecen de poder son una y otra vez víctimas de la discriminación. 

Las autoridades, como es habitual, no informaron a su familia y nadie sabe exactamente dónde está ahora y de qué se lo acusa [...] por favor, traten de plantear este caso [...] Nosotros no podemos hacer nada aquí [...] 

Amnistía Internacional recibió este llamamiento en relación con la detención y el encarcelamiento arbitrarios de Sayyed Munir al Khabaz, alfaquí chií detenido el 3 de diciembre de 1999. Los oponentes políticos y las minorías religiosas corren constantemente el riesgo de ser encarcelados indefinidamente sin cargos ni juicio. Unas leyes redactadas de forma muy imprecisa, que pueden ser interpretadas muy ampliamente, fomentan la administración arbitraria de la justicia y el encarcelamiento de personas por motivos políticos y religiosos.

Algunos extranjeros firman con engaños confesiones en árabe, una lengua que muchos de ellos no entienden, y no pueden ponerse en contacto con nadie que intervenga en su favor, especialmente los que provienen de países más pobres, que a menudo tienen muy poco dinero y conocen a pocas personas en Arabia Saudí.

«Cualquier persona que no esté en una posición de poder o de influencia y que quede atrapada en la telaraña del sistema de justicia penal corre el riesgo de sufrir abusos del poder estatal -subrayó Amnistía Internacional-. Una vez atrapada en esta telaraña, sólo hay un resultado garantizado: se violarán sus derechos humanos fundamentales.»

«El castigo puede ser la muerte, la amputación de una extremidad o la flagelación, impuesto en un juicio que es una burla de la justicia», añadió la organización.

Ejecuciones: Mientras Amnistía Internacional presenta esta campaña, esta semana serán probablemente ejecutadas dos personas en Arabia Saudí. Este país tiene uno de los índices de ejecuciones más elevados del mundo, tanto en cifras absolutas como per cápita; actualmente se producen un promedio de dos a la semana.

Hoy hace un mes que el ciudadano sudanés Hassan bin Awadh al Zubair fue decapitado tras ser declarado culpable de «brujería». Fue una de las 13 personas ejecutadas por diversos delitos desde finales de enero del 2000 hasta hoy. El gobierno no facilitó ningún dato sobre la forma en que fueron juzgadas ni sobre las oportunidades que tuvieron de defenderse.

Esto no es nada nuevo. En los últimos veinte años, más de mil personas han sido ejecutadas así. Sin embargo, la información que ha recibido Amnistía Internacional revela el horror de la forma en que son condenadas y se les quita la vida.

No me dieron oportunidad de defenderme [...] Me ataron como a un animal [...] El funcionario me puso un zapato en la boca, me golpeó, me metió en una celda y no me permitió recibir ninguna visita. Me amenazó con tratos peores si me negaba a aceptar la confesión ante el tribunal.

Abdul Karim al Naqshabandi, ciudadano sirio condenado por «brujería», fue decapitado poco después de escribir esta carta. No tenía ni idea de que su ejecución era inminente. Al igual que a muchos antes que a él, se limitaron a hacerle firmar su propia muerte en una confesión que se obtuvo mediante tortura.

Tortura: «Les dije a mis interrogadores [...] "¿De qué delito me acusan?" [...] Su única respuesta fueron los golpes [...]» 

Desde hace años, muchos hombres y mujeres traumatizados han narrado a Amnistía Internacional sus sufrimientos a manos de las autoridades responsables de su detención. Sus testimonios ilustran la brutalidad, la tortura y los malos tratos sistemáticos en muchas comisarías de policía, prisiones y centros de detención de todo el país. 

«En Arabia Saudí, los torturadores seguirán torturando mientras el sistema de justicia penal no proporcione salvaguardias -manifestó Amnistía Internacional-. La detención en régimen de incomunicación, un sistema de justicia penal que desde el principio trata a los detenidos como si fueran culpables, y la ausencia de mecanismos independientes para denunciar la tortura y de investigaciones sobre las denuncias, todo fomenta un clima de impunidad.»

Muhammad Ali al Sayyid, ex preso que cumplió una condena de 4.000 latigazos y siete años de prisión por robo, relató recientemente a Amnistía Internacional lo que ocurrió cuando fue llevado ante un juez para que ratificara su confesión y denunció que la había hecho bajo tortura:

«El juez me preguntó: "¿Ocurrió el robo?" [...] Dije que no. Entonces les dijo a los policías que me llevaran de nuevo [...] Y en cuanto lo dijo, cambié mi declaración y dije que sí, que había ocurrido. Lo hice para evitar volver a la comisaría y la tortura [...] y así fue cómo firmé mi declaración».

La amputación de una mano, o la amputación de una mano y de un pie: estos castigos irrevocables que equivalen a tortura se imponen en Arabia Saudí por robo y atraco a mano armada en juicios llenos de irregularidades.

Amnistía Internacional conoce 96 casos de amputaciones judiciales ocurridos en los últimos 18 años -siete sólo entre finales de enero del 200 y el día de hoy-, pero la cifra real podría ser superior.

Incumplimiento de las obligaciones internacionales de derechos humanos: Pese a que Arabia Saudí ha ratificado varios tratados internacionales de derechos humanos, incumple abiertamente sus obligaciones. 

«Se viola constantemente el respeto a la dignidad humana y a la justicia -valores intrínsecos a las tradiciones religiosas, sociales y culturales de Arabia Saudí y garantizados por el derecho internacional- para proteger los intereses del gobierno», sostiene Amnistía Internacional.

«Ya es hora de que Arabia Saudí cumpla las obligaciones contraídas en virtud de las leyes y normas internacionales. Estas normas se basan en valores que están en todas las culturas y Arabia Saudí las ha ratificado libremente. Ahora no puede volverles la espalda.»

«El desafío que ahora tienen ante sí las autoridades es introducir en las leyes y en los procesos y en la práctica judiciales los cambios necesarios para que los derechos establecidos en estos tratados sean una realidad.

Sólo entonces habrá esperanzas de que desaparezca el clima de secreto y miedo que impregna las instituciones del Estado en Arabia Saudí», declaró la organización.

Más información: Gabinete de prensa de la Sección Española de Amnistía Internacional, Tel., 91 310 12 77
Documentos y comunicados de prensa: Centro de Documentación de AI: web.amnesty.org/library/eslindex



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