Amnistía Internacional
Comunicado de prensa
Fecha:
18 de mayo de 2000
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El
gobierno de Israel debe poner fin a los abusos contra los derechos
humanos de las mujeres introducidas ilegalmente en la industria
israelí del sexo
Tuve
una crisis nerviosa. Quería escapar de aquel lugar y le pedí a un
cliente que me ayudara. Pero resultó ser uno de ellos y los propietarios
me dieron una paliza. No tenía adónde ir; había rejas en las ventanas
y guardaespaldas a todas horas, día y noche. (Testimonio de
una mujer introducida en Israel desde Moldavia)
Según ha publicado hoy Amnistía Internacional en un nuevo informe,
el gobierno israelí no protege los derechos humanos de las mujeres
y niñas que han sido introducidas en Israel desde países de la antigua
Unión Soviética para ser utilizadas en la industria sexual israelí.
Muchas de estas mujeres se convierten en «materia prima», son compradas
y vendidas por los proxenetas y traficantes por miles de dólares,
o esclavizadas para saldar la deuda contraída. Las encierran en
apartamentos y les quitan el pasaporte y los billetes de avión.
Muchas sufren actos de violencia, violaciones incluidas. Aun así,
la mayoría de los autores de tales abusos contra los derechos humanos
no han sido perseguidos por el gobierno israelí para que respondan
ante la ley, según ha afirmado la organización.
Anna, profesora de física de 31 años de la Federación Rusa, fue
atraída a Israel con la promesa de un empleo en la industria sexual
con el que ganaría veinte veces su salario ruso. Al llegar allí,
le quitaron el pasaporte y la encerraron junto a otras seis mujeres
de países de la antigua Unión Soviética en un apartamento con rejas
en las ventanas. Fue subastada en dos ocasiones, la última por 10.000
dólares estadounidenses. Salvo raras excepciones no se permitió
a las mujeres salir del apartamento, y nunca pudieron hacerlo solas.
Sus proxenetas les extorsionaban buena parte de lo que ganaban.
En los últimos años, el fenómeno mundial del tráfico de seres humanos
ha llamado progresivamente la atención de gobiernos y de organizaciones
intergubernamentales. Sin embargo, los primeros han hecho caso omiso
de los abusos asociados a esta clase de tráfico, tratándolos como
un problema de delincuencia e inmigración ilegal.
En general, las mujeres introducidas ilegalmente en el país como
prostitutas y que han sufrido abusos contra los derechos humanos
son tratadas en la práctica como delincuentes por las distintas
agencias estatales israelíes a las que han recurrido, en lugar de
ser consideradas víctimas de tales abusos.
Muchas acaban recluidas en un calabozo policial o en la prisión
de Neve Tirza tras una de las redadas practicadas por la policía
en prostíbulos y salones de masaje, y rara vez son puestas en libertad
bajo fianza en espera de su expulsión del país. Otras permanecen
más tiempo detenidas, a veces porque el Ministerio de Justicia ha
emitido una orden que prohíbe a la mujer salir del país hasta haber
declarado en una causa penal.
Las autoridades israelíes sostienen que es difícil conseguir el
procesamiento de quienes cometen abusos contra los derechos humanos
de este tipo de mujeres, y culpan de ello a las propias mujeres
por no colaborar con la policía y el sistema de justicia penal.
Varias leyes y normas de actuación israelíes, en concreto la aplicación
estricta de las leyes de inmigración a estas mujeres, en la práctica
dificultan todavía más los procesamientos.
Muchas mujeres tienen miedo a presentar denuncia ante la policía
de Israel o a declarar ante un tribunal porque temen ser encarceladas,
expulsadas o sometidas a nuevos abusos, en Israel o en el extranjero.
Representantes de la Fiscalía contaron a Amnistía Internacional
que no podían dar protección a las mujeres víctimas de este tipo
de tráfico que temían sufrir intimidación en Israel o en el extranjero
si testificaban en causas penales.
Gracias a la presión ejercida por las organizaciones no gubernamentales
nacionales, Israel ha tomado algunas medidas para combatir los abusos
contra los derechos humanos de las mujeres introducias para prostitución
en el país, concretamente en el terreno legislativo. En marzo del
2000, el Parlamento israelí aprobó la Ley sobre la Igualdad de las
Mujeres, según la cual toda mujer tiene derecho a ser protegida
frente a la violencia, el acoso sexual, la explotación sexual y
el tráfico de su persona. Al parecer, el Ministerio de Justicia
está elaborando una disposición para tipificar como delito la compraventa
de personas.
No obstante, al gobierno israelí aún le faltan por adoptar otras
medidas necesarias para proteger a estas mujeres de los abusos,
a pesar de que, en virtud del derecho internacional, tiene la obligación
clara de actuar. En 1998, el Comité de Derechos Humanos de la ONU
lamentó que «mujeres llevadas a Israel para ejercer la prostitución,
[...] no estén protegidas como víctimas de un tráfico sino sujetas
a penas de deportación como resultado de su presencia ilegal en
Israel».
Las autoridades no investigan si una mujer víctima de un tráfico
ilegal corre peligro de sufrir abusos en su país de origen antes
de deportarla, si bien están obligadas a hacerlo con arreglo a la
Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.
Amnistía Internacional ha instado al gobierno de Israel a que respete
su obligación de proteger a las mujeres víctimas de ese tipo de
tráfico frente a los abusos contra sus derechos humanos, contraída
en virtud del derecho internacional. Como primer paso, el gobierno
israelí debe desarrollar una estrategia que garantice una acción
coordinada y eficaz de instituciones oficiales clave, como el Ministerio
del Interior, la Policía, el Servicio de Prisiones y la Fiscalía,
destinada a combatir estos abusos.
La organización ha solicitado, además, una cooperación mayor entre
Israel y los gobiernos de la antigua Unión Soviética así como de
los Estados de tránsito para combatir los abusos contra los derechos
humanos de las mujeres trasladadas ilegalmente a otros países para
ejercer la prostitución.
«Tanto el gobierno como los traficantes tratan a estas mujeres como
si no tuvieran derechos humanos. Las autoridades tienen la obligación
de tomar medidas para proteger a estas mujeres de la esclavitud,
la cárcel y la violencia» ha afirmado Amnistía Internacional.
Si
desean más información, llamen a la oficina de prensa de Amnistía
Internacional en Londres, Reino Unido, teléfono +44 207 413 5566
o en Madrid (+ 34 91 3101277).
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