Amnistía Internacional
Comunicado de prensa
Fecha:
14 de noviembre de
2000
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Estados
Unidos: Un llamamiento al liderazgo en derechos humanos al avecinarse
la primera ejecución federal desde 1963
El
presidente Clinton puede dar un paso histórico para los derechos
humanos, o permitir que su país quede aún más a la zaga del resto
del mundo, donde el consenso internacional en contra de la pena
de muerte no hace sino ganar terreno, ha dicho Amnistía Internacional
hoy, al hacer público el Memorándum de 43 páginas sobre la pena
de muerte federal que la organización envió al presidente la semana
pasada.
La ejecución de Juan Raúl Garza se convertiría en la primera ejecución
federal de un preso condenado a muerte que se haya realizado desde
1963. El presidente Clinton está investido de poder para conmutar
su condena. Amnistía Internacional le pide encarecidamente que utilice
ese poder.
«El presidente Clinton se enfrenta a una decisión que ningún presidente
de Estados Unidos ha tenido que tomar en casi 40 años», explica
Amnistía Internacional. «En estos momentos, en los que tanto nacional
como internacionalmente existe una preocupación sin precedentes
por la aplicación de la pena de muerte en Estados Unidos, el presidente
debe poner fin a la pena capital federal antes de que comience a
producir muertes.»
Además de pedir el indulto para Juan Raúl Garza, Amnistía Internacional
desea que el presidente Clinton, como mínimo, declare la suspensión
de todas las ejecuciones federales, vistas las recientes conclusiones
del Departamento de Justicia sobre las disparidades raciales y geográficas
que caracterizan la aplicación de la pena capital a nivel federal.
«Sin embargo, consideramos que el presidente debe hacer todavía
algo más» -continúa Amnistía Internacional-.Debe conmutar todas
las penas de los presos actualmente condenados a muerte en el sistema
federal. El mensaje a la nación debe ser claro: el experimento nacional
con la pena capital -cruel, brutalizador y plagado de errores- ha
fracasado, y la marea a favor de la pena de muerte ha cambiado de
dirección.»
Desde la investidura del presidente Clinton en 1993, casi 500 hombres
y mujeres han sido ejecutados en 29 estados del país. Esta cifra
representa más del 70 por ciento de todas las ejecuciones realizadas
desde 1976, año en el que la Corte Suprema de Estados Unidos permitió
la reanudación de las ejecuciones. Aunque varios estados reanudaron
las ejecuciones en 1977, el gobierno federal no reintrodujo la pena
capital en el sistema federal hasta 1988, y seguidamente, violando
las normas internacionales, amplió de forma extraordinaria su ámbito
de aplicación mediante legislación firmada por el presidente Clinton
en 1994.
«El gobierno federal lleva demasiado tiempo haciendo la vista gorda
ante el homicidio judicial que se practica a nivel estatal en el
país», dice Amnistía Internacional. «La programada ejecución de
Juan Raúl Garza, sin embargo, es uno de los casos en los que no
puede tratar de eludir su plena responsabilidad.»
La oposición a la reanudación de las ejecuciones federales ha ido
creciendo desde septiembre, mes en el que el Departamento de Justicia
de Estados Unidos hizo públicos los resultados de su examen de la
aplicación de la pena de muerte en el sistema federal de justicia.
El Memorándum de Amnistía Internacional examina las conclusiones
del Departamento de Justicia, y llega a la conclusión de que, tal
como ocurre en los estados, la facultad de los fiscales locales
para decidir si pedir o no la pena de muerte en cada caso particular
parece ser la causa de las disparidades.
«Las propias estadísticas del gobierno proporcionan aún más pruebas
de que la pena de muerte federal padece las mismas características
"de lotería" que afectan como la plaga al sistema de justicia
a nivel estatal -añade Amnistía Internacional-. Permitir que continúen
las ejecuciones federales a sabiendas de que el sistema puede estar
teñido de arbitrariedades y discriminación sería cometer un acto
sin escrúpulos.»
El Memorándum también ilustra con casos las otras formas en que
la pena de muerte federal parece reflejar la aplicación que se le
da en los estados. Se destacan aspectos como la inadecuada asistencia
letrada, la confusión de los jurados respecto al proceso condenatorio,
y los casos de ciudadanos extranjeros privados de sus derechos consulares.
El gobierno de Estados Unidos ha comunicado a Amnistía Internacional
«su inalterable oposición» a cualquier aplicación injusta de la
pena de muerte. «Es hora, pues, de que el gobierno demuestre que
habla en serio», insiste la organización.
Durante la campaña de las elecciones presidenciales de 1992, cuando
era gobernador de Arkansas, Bill Clinton se negó a detener la ejecución
de un preso con una grave lesión cerebral. Lo que hay que preguntarse
ahora es ¿puede el presidente Clinton demostrar que los tiempos
han cambiado en Estados Unidos? ¿O dejará que la historia recoja
que acabó su periodo presidencial de la misma forma que lo inició,
permitiendo una ejecución que separa aún más a su país de las normas
internacionales de justicia y dignidad humanas?
Información general
En Estados Unidos hay más de 3.600 presos condenados a muerte
por haber violado la legislación estatal que aplica esa pena. En
la actualidad hay también unos 21 presos condenados a la pena de
muerte en el sistema federal, es decir por haber violado la legislación
federal con pena capital promulgada por los presidentes Reagan y
Clinton. La última persona ejecutada en Estados Unidos en virtud
de la legislación federal fue Victor Feguer, ahorcado en Iowa en
1963.
Para
obtener una copia del Memorandum to President Clinton: An appeal
for human rights leadership as the first federal execution looms
(AMR 51/158/00) visiten nuestro sitio web en http://www.amnesty.org.
Si desean más información sobre el caso de Juan Raúl Garza, pónganse
en contacto con la oficina de prensa de Amnistía Internacional en
Londres, Reino Unido, en el número + 44 20 7413 5566.
Para los documentos y comunicados de prensa traducidos al español,
consulten la sección «centro de documentación» de las páginas web
de EDAI en http://www.edai.org/centro.
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