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La
pena de muerte en EE.UU. es mucho más costosa
que cualquier sistema en el que la pena máxima es la
reclusión perpetua. En Florida, cada
ejecución le cuesta al estado 3,2 millones de dólares,
en contraste con el gasto de 600.000 dólares de la
prisión perpetua.
Desde
1973 más de 113 presos estadounidenses condenados a
la pena capital escaparon a la muerte porque surgieron pruebas
que demostraron que eran inocentes
de los delitos por los que habían sido condenados.
Desde
1990, hay constancia de que ocho
países han ejecutado a presos que eran menores de 18
años en el momento del delito:
Arabia Saudí, China, Estados Unidos, Irán, Nigeria,
Pakistán, la República Democrática del
Congo y Yemen.
China
ha incluido una cámara
de ejecución entre los
proyectos de construcción para las Olimpiadas de Beijing
en 2008.
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