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Racismo y tortura
Conflicto armado

Muchos de los conflictos que tienen lugar hoy día se basan en el nacionalismo y la identidad étnica, como las recientes guerras de los Balcanes o las luchas que aún continúan en Afganistán y África Central. La manipulación política de las supuestas diferencias étnicas o raciales alimenta muchos otros conflictos en todos los rincones del mundo.

Las fuerzas del gobierno ruso han arrojado un manto de sospechas sobre todo un grupo étnico en el contexto del conflicto de Chechenia. A lo largo de 1999, individuos de etnia chechena y otras personas del Cáucaso denunciaron haber sufrido detenciones arbitrarias, malos tratos y torturas en Moscú y en otras partes de la Federación Rusa. En la propia Chechenia, civiles chechenos han sido violados y sometidos a descargas eléctricas y a otras formas de tortura en los llamados «campos de filtración». Nadie conoce la cifra exacta de personas recluidas en esos «campos de filtración», pero a principios del 2000 había, según los informes, al menos 700 detenidos tan sólo en el campo de Chernokozovo. Un ex detenido presenció cómo una muchacha de 14 años era violada por una decena de guardias en el pasillo, ante las celdas donde estaban encerrados él y otros detenidos. La muchacha había acudido a visitar a su madre detenida y, por 5.000 rublos, le habían permitido una visita de cinco minutos. Esa visita de cinco minutos se convirtió en un tormento de cuatro días durante el cual los guardias la encerraron en una celda, la golpearon y la violaron repetidamente.

El conflicto de Burundi, al que el mundo exterior no presta prácticamente ninguna atención, sigue cobrándose las vidas de centenares de civiles desarmados cada año. La constante lucha por el poder económico y político tiene una dimensión étnica, y la tortura es una de las formas utilizadas por las fuerzas armadas mayoritariamente tutsis para reprimir la insurgencia de los grupos armados de oposición dominados por hutus. La tortura y los malos tratos a detenidos son una práctica generalizada en Burundi, especialmente bajo custodia policial y militar. Las personas acusadas de colaborar con los grupos armados de oposición corren un peligro especial de ser víctimas de tortura o «desaparición». A estas personas las han azotado con cables eléctricos y porras, las han golpeado con objetos contundentes en las articulaciones, las plantas de los pies y los genitales, y las han atado en posturas insoportablemente dolorosas. Al parecer, en muchas zonas del país la gente no se atreve a dormir en su casa por temor a ser detenida por la noche. Un refugiado de 25 años entrevistado en un campo de Tanzania declaró que había huido cuando unos 25 jóvenes acusados de estar relacionados con grupos armados de oposición fueron detenidos por soldados en la zona en la que él vivía en enero de 1998. Al igual que muchos otros refugiados entrevistados por Amnistía Internacional, temía que por su origen étnico lo acusaran de apoyar a los grupos armados de oposición dominados por hutus.
 
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