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Racismo y tortura
Migración

Mientras que la globalización ha supuesto un libre fluir de capital a través de las fronteras, el flujo de migración humana se ha encontrado con obstáculos cada vez más difíciles de superar. Los inmigrantes, los trabajadores migratorios y los solicitantes de asilo que abandonan o huyen de sus casas en busca de una vida con una dignidad y una seguridad básicas se encuentran a menudo con malos tratos racistas y xenófobos a manos de funcionarios en el país de «acogida». El trato duro a los inmigrantes parece ser un componente cada vez más habitual de la política oficial de inmigración, especialmente en los países en los que se ha fomentado un sentimiento xenófobo entre la población.

En Europa occidental, en países como Alemania, Austria, Bélgica, Reino Unido o Suiza, se han producido muertes de ciudadanos extranjeros cuando estaban siendo expulsados del país; al parecer, esas muertes han sido consecuencia del uso de fuerza excesiva por parte de la policía y de la utilización de métodos peligrosos de inmovilización.

También los solicitantes de asilo han sufrido malos tratos bajo custodia. En junio de 1998, 113 solicitantes de asilo fueron rescatados de una barca pesquera que navegaba a la deriva frente a la costa de Chipre. Varios fueron golpeados por agentes de policía mientras estuvieron bajo custodia en el mes de agosto, hasta tal punto que necesitaron tratamiento hospitalario. En octubre, durante un intento de expulsar a 40 de estos solicitantes que se encontraban recluidos en el centro de detención de Larnaca, los agentes de la fuerza de intervención rápida de la policía arrojaron botes de gas lacrimógeno en las celdas, obligaron a los solicitantes de asilo a tumbarse boca abajo en el suelo y les dieron patadas, los pisotearon y los golpearon con porras. En Bélgica, Blandine Kaniki, solicitante de asilo de la República Democrática del Congo recluida en un centro de detención, se quejó de que tanto ella como otros internos del centro habían sido agredidos físicamente por gendarmes armados con porras y protegidos con cascos y escudos en noviembre de 1998. Posteriormente, esta mujer sufrió un aborto.

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Según los informes, a Monika (no es su nombre real), de 13 años de edad, unos agentes de policía la sacaron a rastras de la cama una mañana de domingo, la abofetearon y la llevaron a la comisaría en pijama. Los policías la insultaron, llamándola «zorra asquerosa», y amenazaron con matarla. Monika es la menor de seis jóvenes romaníes que fueron detenidos durante una violenta redada policial llevada a cabo en un bloque de apartamentos en el norte de Budapest el 5 de septiembre de 1999. Justo antes del mediodía, varios agentes de la policía húngara irrumpieron en dos apartamentos del distrito 13; según los informes, no dieron ninguna explicación ni mostraron ninguna orden judicial. Al rato, los seis amigos, que dormían en los dos apartamentos tras una fiesta celebrada la noche anterior, comprendieron que se los acusaba de agredir a una mujer encinta y causarle un aborto.


Cuatro de los seis jóvenes que sufrieron abusos de la policía ©AI