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Torturas a mujeres

El último siglo ha sido testigo de grandes progresos en la lucha por los derechos humanos de la mujer. Sin embargo, la discriminación que todo lo invade ha dado lugar a que las mujeres sigan siendo tratadas como ciudadanas de segunda. Pese a los progresos obtenidos en las últimas décadas, las mujeres siguen teniendo una representación sumamente reducida en la vida política, continúan soportando la doble carga del trabajo y el cuidado de los niños, ganan menos y tienen menos propiedades que los hombres, y no disfrutan de igualdad de acceso a la educación, el empleo y la atención médica.

La discriminación contra las mujeres adopta muchas veces formas violentas. Son violadas por las fuerzas armadas como «botín de guerra»; asimismo, son sometidas a mutilación genital en nombre de la tradición, flageladas o asesinadas en nombre del honor y aterrorizadas mediante otras formas de violencia doméstica.

Ya sea infligida bajo custodia, en la comunidad o en el hogar, esta violencia está íntimamente relacionada con la posición de subordinación que la mujer ocupa en la sociedad. Tal como han reconocido las normas internacionales, la violencia contra la mujer es tanto la manifestación de una relación desigual de poder entre hombres y mujeres como un instrumento para mantener a las mujeres en una situación de sometimiento.
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En ocasiones, los torturadores son agentes del Estado. Por ejemplo, la violación es un instrumento habitual de tortura bajo custodia de la policía o el ejército. Sin embargo, la violencia a la que se enfrentan las mujeres en su vida cotidiana procede a menudo de hombres a quienes conocen, como patronos, familiares o vecinos. Muchas formas de violencia contra las mujeres en el hogar y la comunidad pueden constituir también tortura o malos tratos. El daño que se inflige es igual o comparable al infligido a mujeres que son torturadas bajo custodia, y el propósito también puede ser similar. El torturador puede no ser un agente del Estado, pero la pasividad de los gobiernos ante los abusos cometidos es un importante factor que permite que la violencia contra las mujeres continúe. Independientemente del contexto, los gobiernos son responsables de proteger y garantizar el derecho de las mujeres a no ser torturadas ni sometidas a tratos crueles, inhumanos o degradantes.

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La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer define dicha violencia como «todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada». Incluye la «violencia [...] perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que ocurra» y la «violencia [...] que se produzca en la familia» y en «la comunidad en general».