La lucha contra la tortura: Programa de acción
Conquistar el corazón y la voluntad de la gente
La opinión pública puede ser un mecanismo de control muy eficaz para luchar contra la tortura y la impunidad, incluso en los países represivos. Si cuando sale a la luz un caso de tortura estalla una indignación generalizada, es más probable que las autoridades ordenen una investigación y actúen de acuerdo con sus conclusiones. Por otra parte, si la respuesta parece ser de indiferencia, quienes practican la tortura se sentirán libres para continuar. Los activistas de derechos humanos desempeñan un papel enormemente importante a la hora de difundir entre el público el conocimiento de que se inflige tortura y de insistir en que la tortura es una práctica que jamás se puede justificar.
Cada vez está más claro que el apoyo tácito a la tortura constituye un problema, especialmente cuando la víctima es miembro de un grupo despreciado: por ejemplo, un adolescente sin hogar, un drogadicto o un ladrón. Muy pocas personas dirían «yo apoyo la tortura», pero muchas aceptan e incluso aplauden el uso de «medidas enérgicas» contra determinados tipos de personas en determinados momentos. El desafío es demostrar que quienes sufren discriminación, los marginados y los delincuentes, también tienen derechos humanos, al igual que el resto de la población. Hay que dejar claro que la tortura es inaceptable en todas las circunstancias.
Como parte de los preparativos para esta campaña contra la tortura, Amnistía Internacional colaboró con Gallup International, empresa de sondeos internacionales de opinión, para evaluar la actitud de la opinión pública. En agosto y septiembre de 1999, Gallup International entrevistó a más de 50.000 personas en 60 países. Esta «Encuesta del Milenio» es el estudio mundial de opinión más amplio jamás realizado.
Una de las preguntas planteadas era si el derecho a no ser torturado se respetaba en el país del encuestado: el 31 por ciento de los encuestados dijo que se respetaba plenamente, el 37 por ciento dijo que sólo se respetaba parcialmente, y el 21 por ciento dijo que no se respetaba.
La tarea de conseguir que la opinión pública se oponga a la tortura en todas sus formas implica una serie de desafíos tales como obtener información, implicar a las
ONG locales y llegar a personas que puedan influir en la política y en la opinión pública. Un programa de educación en derechos humanos podría aumentar la conciencia pública y la apreciación por los derechos humanos. El conocimiento de los derechos humanos y de las leyes y prácticas que los delimitan puede hacer que la comunidad oponga resistencia a los abusos. La educación en derechos humanos debería estar integrada en el programa educativo general, y debería ser parte de la formación de policías, funcionarios de prisiones, soldados, periodistas, abogados y profesionales de la medicina. La actitud del público puede verse influida por el retrato de la violencia oficial ofrecido en los medios de comunicación tanto generales como dedicados al ocio.
La opinión pública nunca es estática, y los argumentos contra la tortura deben cambiar a medida que cambian los tiempos y las percepciones. Hoy día, quienes luchan contra la tortura tienen que defender los derechos de grupos «impopulares». Tenemos que demostrar el efecto pernicioso de unos malos tratos que son tan sistemáticos que pasan prácticamente desapercibidos. Debemos adoptar una postura de principios contra la tortura y los malos tratos, donde y cuando quiera que se produzcan.
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LA TORTURA EN EL MUNDO:
EL DESCONOCIMIENTO
Sólo el 8 por ciento de los encuestados pensaba que actualmente se documentan casos de tortura en más de 100 países, y sólo el 19 por ciento pensaba que se documentan en más de 50 países.
Amnistía Internacional ha recibido informes de tortura y malos tratos en más de 150 países.

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1:
En menos de 20
2: En ninguno
3: No sabe
4: En más de 150
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5:
En entre 100 y 150
6: En entre 51 y 100
7: En entre 20 y 50
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Fuente: Gallup
International
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Activistas de los derechos humanos y
miembros del grupo teatral Coalición de Ciudadanos para el Cambio
Constitucional interpretan una obra
©Kenya Human Rights Commission
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