Torturas
a niños
Los niños en los conflictos armados
La tortura es una práctica muy utilizada para castigar e intimidar a la población civil durante los conflictos armados. Muchos niños han sido torturados simplemente por vivir en una zona de guerra, por pertenecer a un grupo determinado o por las actividades que ellos o sus familiares llevaban a cabo. A eso debemos sumar el hecho de que los niños que viven un conflicto armado suelen quedar traumatizados por la muerte y la destrucción que presencian.
Muchos niños detenidos por ser sospechosos, ellos o sus familiares, de estar relacionados con los grupos armados de oposición han sido torturados para obligarlos a confesar o a proporcionar otro tipo de información. Por ejemplo, había niños entre los centenares de detenidos que permanecieron recluidos, hasta su cierre en el 2000, en el Centro de Detención de Jiam, situado en la zona del sur del Líbano ocupada por Israel y dirigido por el Ejército del Sur del Líbano y la Fuerza de Defensa Israelí. Los detenidos de ese centro, recluidos sin cargos y sin contacto con abogados, eran sometidos a torturas y malos tratos sistemáticos. Fatima Ja'afar, de 16 años, permaneció una noche detenida en el Centro de Detención Núm. 17 del Ejército del Sur del Líbano en octubre de 1999. Durante los interrogatorios la golpearon en la cabeza; al día siguiente fue hospitalizada con fracturas múltiples de cráneo y pérdida de memoria. Según los informes, tras ponerla en libertad el Ejército del Sur del Líbano detuvo a sus padres y los mantuvo recluidos durante una noche.
Los niños también son explotados como combatientes tanto por las fuerzas armadas como por los grupos armados de oposición. En la actualidad, más de 300.000 niños son utilizados como soldados en conflictos en más de 30 países. Muchos de ellos son secuestrados y obligados a unirse a la lucha mediante tortura, tratos brutales e intimidación, incluidas amenazas contra ellos y sus familias.
El Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño, recientemente adoptado, fija en 18 años la edad mínima para ser reclutado en las fuerzas armadas y participar en hostilidades. Amnistía Internacional se opone a que se utilice como soldados a menores de 18 años y pide a los Estados que ratifiquen y apliquen este nuevo tratado.
Los asesinatos, los secuestros, las mutilaciones y las violaciones se han convertido en prácticas sistemáticas en la campaña de atrocidades a la que las fuerzas rebeldes han sometido a la población civil durante los nueve años de conflicto armado
interno en Sierra Leona. Los grupos afines al gobierno y las fuerzas gubernamentales también han cometido atrocidades. La violación y otras formas de abuso sexual han alcanzado una escala sin precedentes: se cree que más del 90 por ciento de las mujeres y niñas secuestradas por los rebeldes durante el conflicto han sido violadas. Cuando las fuerzas rebeldes atacaron Freetown en enero de 1999, se denunció la desaparición de más de 4.000 niños; un año después, 2.000 de ellos, en su mayoría niñas, permanecían en paradero desconocido; se creía que habían sido secuestradas. Miles de personas murieron y centenares más quedaron mutiladas al amputarles deliberadamente miembros.
La amnistía ofrecida por el acuerdo de paz no se aplica a los abusos cometidos desde julio de 1999; sin embargo, esos abusos siguen cometiéndose impunemente.
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Mabinti (no es su nombre real), que ahora tiene 16 años, fue secuestrada y violada repetidamente por un grupo de hombres de las fuerzas rebeldes; a consecuencia de esas violaciones, quedó encinta. Su tormento comenzó cuando los rebeldes atacaron el poblado de Mamamah mientras se retiraban de la capital,
Freetown, en enero de 1999. Los padres de Mabinti resultaron muertos y ella fue llevada por los rebeldes, primero a Lunsar y luego a
Makeni, Provincia del Norte. «Varios rebeldes me violaron en grupo repetidas veces. Si oponía resistencia, me golpeaban y me negaban la comida. Finalmente me obligaron a convertirme en la "esposa" de uno de los ellos; lo mismo les sucedió a muchas otras muchachas». Cuando quedó encinta, Mabinti fue llevada de vuelta a su poblado y abandonada. No mucho después, en mayo del 2000, el poblado volvió a ser atacado por fuerzas rebeldes y ella se vio obligada a huir con su abuela: tuvieron que caminar 40 kilómetros para llegar a un campo de desplazados internos.
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