La discriminación: un terreno abonado para la tortura
La discriminación atenta contra la noción misma de los derechos humanos. Niega sistemáticamente sus derechos humanos plenos a ciertas personas o grupos simplemente por su identidad o por sus creencias. Es un ataque contra el principio fundamental consagrado en la
Declaración Universal de Derechos Humanos: que los derechos humanos son inherentes a todas las personas y se aplican a todos los seres humanos, sin distinción. El derecho a no ser torturado es un derecho absoluto, que no puede negarse a nadie en ninguna circunstancia.
Los gobiernos están obligados por las normas internacionales de derechos humanos a abordar la discriminación en todas sus formas (véanse, por ejemplo, la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Declaración sobre la Eliminación de Todas las Formas de Intolerancia y Discriminación Fundadas en la Religión o las Convicciones, y la Convención sobre los Derechos del Niño.). Eso incluye el tomar medidas esenciales para garantizar el derecho de todos los individuos a no ser torturados ni maltratados, medidas como la derogación de la legislación discriminatoria que facilite la tortura y niegue la igualdad de acceso a la justicia, o brindar una protección eficaz contra la violencia en la comunidad en general. También incluye el garantizar que las leyes y las instituciones del Estado abordan las causas fundamentales de la discriminación, en lugar de utilizar o fomentar dicha discriminación con fines políticos.
El objetivo consiste en identificar los tipos de abusos que se cometen en el mundo de hoy contra ciertas personas y grupos, los contextos en los que esas víctimas se encuentran en peligro, y las formas de malos tratos que, de alguna manera, les afectan de forma específica o desproporcionada. Este análisis pretende ayudar a identificar las medidas que son necesarias para superar esos peligros.
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