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Índice AI: MDE 23/11/00
Arabia Saudí - Dejen de armar a los torturadores

Las relaciones militares, de seguridad y policiales

Me obligaron a desnudarme y luego me amenazaron con violarme. También usaron otros métodos de tortura y malos tratos, como la falaqa [golpes en la planta del pie], me golpearon por todo el cuerpo, y me aplicaron descargas eléctricas con una vara de electrochoque

Así explica un ciudadano iraquí refugiado en Arabia Saudí la tortura que le sufrió en 1992. Su experiencia no es única. Al parecer Gulam Mustapha, de Pakistán, fue torturado en Yidda en 1994, mientras se encontaba recluido en un centro para personas que han cometido delitos relacionados con las drogas. Entre otros métodos de tortura, le introdujeron una barra o vara de metal por el ano y le aplicaron descargas eléctricas que al parecer lo dejaron sangrando e incapaz de andar.

Esposas para tobillos

Esposas para tobillos tal como aparecen en un folleto, fabricadas por la empresa estadounidense Smith & Wesson.

¿Quién le suministra las varas de electrochoque a los torturadores de Arabia Saudí? El hermetismo que rodea este comercio impide obtener una respuesta completa, pero se tiene constancia de que en 1993 el gobierno británico concedió dos licencias de exportación de armas de electrochoque a Arabia Saudí; asimismo, desde 1984 el Departamento de Comercio de Estados Unidos ha autorizado al menos doce envíos de este tipo.

Pese a su historial de violaciones brutales de los derechos humanos, los gobiernos de otros países han suministrado a Arabia Saudí material que podría utilizarse para torturar o maltratar a los presos. El gobierno estadounidense, por ejemplo, concedió entre 1980 y 1993 licencias por un valor de cinco millones de dólares estadounidenses dentro de la categoría OA82, en la que se incluyen pertrechos policiales como grilletes y cadenas, esposas y «esposas para pulgares».

Las terribles consecuencias del uso de grilletes y cadenas y otros instrumentos para inmovilizar las piernas prohibidos por las reglas de las Naciones Unidas para el trato de los reclusos pueden apreciarse en las descripciones proporcionadas por personas que han estado presas en las cárceles saudíes. Una de ellas declaró a Amnistía Internacional después de recobrar su libertad en 1999: «Se los colocan hasta a los inválidos y a los ciegos.» De acuerdo con las declaraciones de ex presos, este tipo de instrumentos llevaban la marca «Hiatts» -empresa británica- o «Smith & Wesson» -estadounidense.

El ciudadano británico Phil Lomax explicó que los grilletes se usan habitualmente en la cárcel de Malaz, en Riad, donde estuvo recluido diecisiete días a mediados de 1999 por delitos relacionados con el alcohol: «Siempre que nos sacaban de la celda nos colocaban grilletes y esposas. Los grilletes eran muy dolorosos. Eran de acero [...] como las manillas de las esposas. Las esposas eran de fabricación estadounidense. Si te sacan con otras personas, te encadenan a ellas.»

Donato Lama

Donato Lama © Privado

Donato Lama, de nacionalidad filipina, fue detenido en octubre de 1995 por predicar el cristianismo. Según declaró, durante las dos semanas que permaneció incomunicado lo mantuvieron inmovilizado con grilletes y esposas y lo golpearon mientras lo interrogaban. Durante el juicio, lo obligaron a permanecer de pie ante el juez con las manos esposadas y los pies encadenados. Fue condenado a dieciocho meses de cárcel y a recibir 70 latigazos. Describió así la práctica habitual de aplicar a los reclusos instrumentos para restringir sus movimientos:

Te esposaban las manos y colgaban las esposas de un poste [y] tenías que estar de pie de dos a cinco horas [...]. Cuando los funcionarios de nuestra Embajada venían a visitarnos [...] nos colocaban esposas y también grilletes en los pies, nos esposaban [juntos] y nos ponían grilletes juntos [...]. A veces producían hematomas en las piernas. En algunas ocasiones, el guardián te arrastraba: era muy difícil caminar.

También le colocaron esposas y grilletes cuando recibió los 70 azotes en una sola sesión un mes antes de quedar en libertad, en mayo de 1997.

Arabia Saudí es uno de los mayores compradores de armamento del mundo. De acuerdo con un estudio, tan solo en 1997 el gasto total de defensa en el país fue de aproximadamente $18.200 millones de dólares estadounidenses. La industria de defensa de Alemania, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Reino Unido y otros países se ha beneficiado de este mercado.

Este comercio ha sido en su mayoría de armamento pesado -como aviones de combate- y no existen indicios de su uso en la comisión de violaciones de derechos humanos. La falta de transparencia con que se realizan las transferencias, sin embargo, significa que la comunidad internacional no puede nunca saber con certeza qué material y servicios se están facilitando. En 1995, por ejemplo, se transmitió por televisión la declaración de un vendedor de la compañía British Aerospace (conocida actualmente como BAE Systems) según la cual había acordado la transferencia de 8.000 varas de electrochoque a Arabia Saudí como parte del proyecto Al Yamamah. Este proyecto, de varios miles de millones de dólares estadounidenses, es el mayor acuerdo de armamento que hayan firmado nunca los gobiernos británico y saudí. Tanto el gobierno británico como British Aerospace negaron haber vendido las varas, pero hasta la fecha no se ha hecho pública la información sobre este acuerdo.

El historial de derechos humanos de Arabia Saudí demuestra por qué deben aplicarse controles estrictos a nivel nacional e internacional a la industria de armas y seguridad. Estos controles deben garantizar la rendición de cuentas pública y asegurar que las armas no caen nunca en manos de quienes probablemente las utilizarán para torturar y cometer otros abusos contra los derechos humanos.