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Inicio Actúa Oriente Próximo: Hay que investigar los crímenes de guerra Diarios de la misión Día 5 de agosto

Durante las dos últimas noches, los bombardeos en Beirut han sido especialmente intensos, y han destruido nuevas infraestructuras civiles. Hoy hemos visitado Baalbek, en el valle de Bekaa.
Valle de Bekaa, 5 de agosto
Hoy hemos conducido hasta llegar a la ciudad de Baalbek, en el valle de Bekaa, a unos 150 km al este de Beirut, y famosa por sus ruinas de templos romanos. Aproximadamente a las 10 de la mañana, cuando pasábamos por la población de Hilanya, la aviación israelí bombardeó e incendió un camión de combustible que se encontraba a las puertas de un pequeño garaje, en la calle principal. Por encima de las llamas, se alzó una espesa humareda negra, al tiempo que se desviaba el tráfico y la población huía a toda prisa, alejándose de la calle principal y del camión incendiado.
Los repetidos ataques aéreos israelíes han obligado a huir a casi el 80por ciento de la población de Baalbek, es decir, unas 120.000 personas. Barrios y distritos residenciales enteros han quedado completamente desiertos. Aún se pueden ver ropas tendidas y gatos correteando por las calles, pero la mayoría de los residentes han abandonado la ciudad durante las últimas dos semanas. Atravesamos barriada tras barriada en medio de un perturbador silencio.
Baalbek, 5 de agosto
Varias barriadas de Baalbek han desaparecido por completo tras varios bombardeos israelíes. Bloques de pisos enteros han quedado reducidos a escombros. Varios residentes han perdido la vida en los ataques, y los supervivientes se han visto obligados a desplazarse ante el temor de nuevos ataques. Las familias se han trasladado a otros lugares, invadiendo pueblos y ciudades. Al menos 800.000 personas han tenido que abandonar sus hogares por los frecuentes bombardeos israelíes, en un país de menos de cuatro millones que lucha por controlar la situación. Algunos han huido a la vecina Siria o a otros países, pero cientos de miles de personas duermen en las escuelas y en los parques públicos.
En Baalbek, testigos presenciales, entre ellos profesionales médicos, nos contaron cómo un ataque aéreo israelí había aniquilado a toda una familia. Durante la noche del 1 al 2 de agosto, una familia de agricultores, compuesta por el marido, la esposa y cuatro hijos de entre tres y quince años, perdió la vida, mientras que los otros tres hijos, de entre nueve meses y nueve años, resultaron gravemente heridos cuando las fuerzas israelíes lanzaron decenas de misiles contra varias zonas de Baalbek. Esa misma noche, los ataques aéreos acabaron con la vida de varias personas más en una barriada cercana, entre ellas, una mujer embarazada y dos niños.
Más tarde, investigamos la muerte, según informes, de al menos 23 agricultores en un ataque aéreo israelí el 4 de agosto (ayer) en la localidad de Al-Qaa, al norte de Baalbek. Un sacerdote del lugar nos narró cómo había presenciado el ataque desde el tejado del edificio de la iglesia: cuando se estaba preparando para acudir a la escena del ataque a ofrecer ayuda, otro misil cayó en la misma finca. A continuación, corrió hasta el lugar, para descubrir que al menos 23 agricultores sirios, entre ellos un mínimo de cinco mujeres, habían perdido la vida, y varias personas habían resultado heridas.

Distrito Septentrional, 5 de agosto
El segundo día de nuestra visita, empezamos reuniéndonos con la directora de los servicios de salud del Distrito Septentrional, responsable de la coordinación de los servicios de salud de, aproximadamente, 1.200.000 residentes que, según explicó, se dividen a partes iguales entre judíos y árabes. Más tarde, visitamos a la directora de la oficina del municipio de Nazaret Sur.
Ésta explicó que la principal diferencia entre este conflicto y otros que tuvieron lugar en el pasado es que muchas ciudades y pueblos israelíes que nunca habían sido atacados con cohetes anteriormente lo estaban siendo ahora por primera vez. En consecuencia, la población no estaba preparada y la sanidad pública se ha visto profundamente afectada por el número de personas que han sufrido ansiedad y traumas psicológicos. También estaban ayudando a la población a superar los efectos psicológicos de haber tenido que acudir constantemente a los refugios durante 25 días seguidos. Por otras experiencias con víctimas del pasado, habían aprendido que cuanto antes se les atendiera, en mayor medida se reducirían los efectos a largo plazo, por lo que estaban intentando tratarlas lo antes posible.
Aunque el gobierno había intentado evacuar al mayor número de personas posible, muchas de ellas no podían o no querían irse. Además, en muchos casos, la evacuación de ancianos o de personas con problemas graves de salud obligaba a resolver cuestiones logísticas. El gobierno movilizó ambulancias, profesionales médicos y personal paramédico para trasladar a la población a lugares seguros, pero según nos informaron, dos pacientes de edad avanzada murieron al ser transportados a zonas más seguras del país. Según el Ministerio de Salud, aproximadamente dos tercios de la población del Distrito Septentrional ha huido.
Con respecto a aquellos que se habían quedado, además de facilitarles ayuda psicológica, se experimentaban dificultades para suministrarles los mismos servicios básicos de salud que se ofrecían en el pasado, y atender al mismo tiempo los nuevos trastornos que presentaban los civiles residentes en refugios. Ni siquiera movilizando todos sus recursos conseguían las autoridades visitar más que un limitado porcentaje de los refugios para evaluar las condiciones de salud. En ciudades como Nahariya y Kiryat Shmona, especialmente castigadas, los hospitales y demás centros médicos se veían desbordados, al tener que atender a los heridos y facilitar además otros servicios, como los de quimioterapia y diálisis de riñón.
Nazaret, norte de Israel, 5 de agosto
A continuación, nos dirigimos a Nazaret, la mayor ciudad árabe de Israel. Dos niños habían muerto cuando jugaban en la calle los primeros días del conflicto. Según nos informaron, en ese momento las sirenas no estaban en funcionamiento, por lo que los niños, que eran hermanos, no oyeron ningún aviso mientras jugaban frente a su casa. La representante de la municipalidad nos aseguró que, incluso en el caso de que hubiera sonado una sirena, en las zonas árabes casi no hay refugios. No conocemos las razones que explican esta circunstancia, por lo que seguiremos investigando al respecto. La mayor parte de la población de Nazaret ha permanecido en la ciudad, aunque algunos de los residentes más adinerados han huido. Alrededor del 50 por ciento de la población vive bajo el umbral de la pobreza.
También nos hemos reunido con representantes de dos grupos de mujeres que ayudaban a las mujeres árabes a asumir el conflicto. Además de controlar su propio estrés ante los cohetes que caían en Nazaret y en los alrededores, tenían que ocuparse de sus respectivas familias. Dado que ninguna guardería infantil o parvulario tenía refugios, todas ellas se han visto obligadas a cerrar.
Cuando salíamos de la ciudad, las sirenas volvieron a sonar. En esta ocasión, no había ningún refugio propiamente dicho, pero unos tenderos nos invitaron a entrar en una habitación trasera sin ventanas que era relativamente segura. Sin embargo, la mayoría de las personas que transitaban el lugar se limitaron a mirar al cielo. Hoy, los medios de comunicación han informado de que murieron tres israelíes más, todos ellos árabes. Ayer se recibieron noticias según las cuales habían muerto tres israelíes. Todas las personas que han muerto desde nuestra llegada eran árabes israelíes.
Resulta claro que los servicios de salud y de otro tipo de Israel se encuentran sometidos a una presión sin límites para sobrellevar el conflicto, y ello a pesar de que sus infraestructuras siguen funcionando. No queremos imaginar la situación que habrá encontrado la otra mitad de nuestra delegación en Líbano, donde la mayoría de las infraestructuras han sido destruidas.