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Del 7 al 11 de agosto

Visita a Líbano

 

Lunes, 7 de agosto

Pasamos la noche en Sidón, una ciudad de más de 100.000 habitantes, cuya población ha experimentado un crecimiento del 50 por ciento durante las tres últimas semanas, y alberga ahora a 50.000 personas desplazadas de sus hogares por los continuos bombardeos israelíes en el sur de Líbano.
 
De hecho, los bombardeos continúan, y los puentes, carreteras, supermercados, gasolineras y casas particulares siguen siendo objetivos habituales de la aviación israelí. Alrededor de las 8 de la mañana, mientras nos preparábamos para nuestra primera reunión, oímos varias explosiones atronadoras (aquí no hay sirenas de alarma ni refugios). Los aviones de combate israelíes acababan de bombardear tres edificios en Ghazieh, localidad situada a las afueras de Sidón, y habían sepultado a mujeres y niños entre los escombros de sus hogares.
 
Por la tarde, visitamos el lugar de los ataques en el centro de Ghazayeh, zona muy densamente urbanizada. Al menos tres edificios de varias plantas habían sido destruidos por completo, y los adyacentes habían quedado en muy mal estado. 
 
En el primer lugar que visitamos, decenas de personas intentaban ayudar a retirar los escombros y a facilitar servicios de emergencia. Los fragmentos más grandes de hormigón se retiraban con maquinaria pesada de elevación, mientras que para retirar el resto de los escombros se empleaba una máquina especial de corte de tuberías.
 
Tras todo un día de trabajo, al parecer, los trabajadores de salvamento creyeron que podía haber al menos una persona viva bajo el hormigón, y gritaron varias veces entre los escombros con la esperanza de recibir señales de vida. Se trasladó al lugar una ambulancia, mientras que médicos de la Cruz Roja libanesa con monos naranjas permanecían a la espera por si se les necesitaba para ayudar a los sobrevivientes.
 
Varios fotógrafos y equipos de televisión trataban de conseguir a empujones el mejor ángulo, pues por lo visto, esperaban ver aparecer a alguien con vida de entre el hormigón humeante.
 
Incluso con la ayuda de la maquinaria pesada, el proceso era lento. Habían empezado poco después de los ataques de por la mañana, y a las 4 de la tarde, parecía que aún les quedaba mucho por excavar.

 

Un poco más adelante, podían verse media docena de vehículos aplastados y carbonizados por las demás bombas. Edificios de varios pisos habían desaparecido, y las familias de los edificios vecinos habían perdido el muro exterior del salón.
 
Este lugar era mayor que el primero. Dos excavadoras y un buldózer apartaban grandes fragmentos de hormigón y metal retorcido, mientras decenas de hombres sacaban tierra con las manos.
 
Según nos dijeron, era la casa en la que una peluquera había vivido con sus padres y sus hijos pequeños. También aquí decenas de personas ayudaban a apartar la tierra y los escombros, pero con menor apremio que en el primer sitio. Ya se habían extraído de entre los escombros los cuerpos de dos mujeres y dos niños, y nadie parecía albergar esperanzas de encontrar sobrevivientes. No había cámaras esperando.
 
Finalmente, apareció una manta azul entre los escombros, y se hizo el silencio. Se hizo pasar a un hombre de edad avanzada, que levantó la punta de la manta y dejó ver el pie de mujer. Hubo que apartar otros escombros para poder sacarla. Parecía joven. Envolvieron cuidadosamente su cuerpo en una sábana y la trasladaron a una camilla.
 
A medida que continuaban las excavaciones, se encontraron los cuerpos de otros niños que, al parecer, dormían a su lado en el momento del ataque israelí. Según informes, murieron al menos cinco personas más.
 
Al llegar a Beirut, a primera hora de la tarde, oímos varias explosiones más: aviones de combate israelíes bombardeaban de nuevo el barrio de Dahia, que ha sido atacado repetidas veces desde el primer día del conflicto, hace 26 días. En esta zona de la capital, la destrucción provocada por los ataques aéreos israelíes es indescriptible. Decenas de edificios de 10 o más plantas han quedado reducidos a escombros, y otros muchos han sufrido daños irreparables. Decenas de miles de personas han perdido sus hogares sólo en esta zona de la capital.
 
Por la tarde, en el noticiario del principal canal internacional de televisión, no se informó sobre estos ataques. Una pregunta que nos repiten a menudo es por qué la comunidad internacional parece conceder tan poca importancia a la vida de los civiles libaneses.

Martes, 8 de agosto

Hoy hemos visitado el distrito de Shiyah, situado al sur de Beirut, que fue blanco de varios ataques aéreos israelíes durante la tarde de ayer. Era la primera vez que esta barriada era bombardeada por el ejército israelí, por lo que los residentes pensaban que era segura.

Cuando las bombas estallaron por la tarde, la gente se dedicaba a sus quehaceres diarios: los niños jugaban en la calle, unas personas compraban, otras volvían a casa del trabajo, etc. El barrio no era conocido como feudo de Hezbolá (Partido de Dios), por lo que los residentes pensaban que quedaba excluido de la lista de objetivos israelíes. Un bloque de apartamentos de seis plantas, con un cibercafé en el bajo, había sido alcanzado por dos bombas lanzadas por los aviones de combate israelíes alrededor de las seis de la tarde.

 

Un joven nos explicó que algunas familias del edificio habían llegado de otros barrios bombardeados, pues creían que era un lugar seguro. La semana pasada, los aviones israelíes habían lanzado folletos sobre Beirut en los que se informaba a la población del bombardeo de cuatro distritos concretos. Shiyah no era uno de ellos.

Otro hombre de unos 30 años nos contó que estaba comprando pan, a unas dos calles de distancia, cuando los aviones atacaron. Unos minutos antes, su hermano había ido a la mezquita que se encontraba junto al lugar afectado por las bombas. Corrió a buscarlo, y lo encontró, asustado, pero a salvo. Según relató, el personal de una ambulancia se encontraba por casualidad en la zona, y se apresuró a ofrecer primeros auxilios a algunas de las víctimas.

A cientos de metros del lugar de la explosión, podían verse esparcidos trozos de hormigón y de cristal. Cuando llegamos, hacia mediodía, aún no se sabía el número de muertos, y continuaban los trabajos de salvamento. Según la mayoría de los cálculos, había más de 20 muertos y el número de heridos superaba la treintena, pero nadie sabía con seguridad cuántos cuerpos seguían sepultados bajo los escombros.

El ejército libanés intentó sin éxito construir un cordón alrededor del edificio demolido, y los agotados trabajadores de las ambulancias se apoyaban exhaustos contra la pared, mientras otros los sustituían en las tareas de excavación. Dos máquinas pesadas de elevación habían acudido al lugar, pero se necesitaba tiempo para deshacer la montaña de hormigón hecho añicos. Decenas de familiares de las víctimas se arremolinaban para mirar, aunque sabían que no había esperanzas de encontrar a nadie con vida.

 

Personal de la Cruz Roja esperaba en las proximidades con camillas naranjas para trasladar los cadáveres, y los equipos de televisión competían por conseguir el mejor ángulo. De cuando en cuando, el personal de los equipos de emergencias pedía a los periodistas que se retirasen para levantar un pedazo de hormigón de más grande de lo habitual.
 
De las paredes de alrededor, pendían banderas brasileñas e italianas hechas jirones, vestigios del Mundial. Se parecía a lo que habíamos presenciado el día anterior en Ghazieh, pero a mayor escala. En esta ocasión el área afectada era mayor, y también el número de civiles muertos.

Algunas personas nos gritaban furiosas: “¿por qué no cuentan a Occidente lo que ocurre de verdad?”, “enseñen imágenes reales de lo que ha pasado aquí”.

Resulta difícil abandonar estos lugares bombardeados y, de alguna manera, al irnos antes de que extraigan todos los cuerpos, tenemos la sensación de faltar al respeto a quienes aún yacen bajo los escombros. Pero decidimos irnos, conscientes de que no podíamos ayudar a las personas que buscaban los cadáveres de las víctimas entre los escombros.

Hoy ha recibido sepultura el cuerpo de la mujer a la que vimos sacar ayer al mediodía de entre los escombros de lo que había sido su hogar en Ghazieh. Tanto ella como sus hijos murieron cuando su domicilio fue alcanzado por las bombas de la aviación israelí. En total, 15 personas murieron en los ataques. Hoy, la aviación israelí disparó contra el funeral y mató a doce personas más.

La semana pasada, el homicidio de 20 civiles libaneses por las fuerzas israelíes en un solo incidente atrajo la atención de los medios de comunicación. Esta semana, parece haberse convertido en rutina y ya no sirve para escribir titulares. Desde el inicio de las hostilidades entre Israel y Hezbolá el 12 de julio, unos 800 civiles han muerto a manos de las fuerzas israelíes. Durante el mismo periodo, los cohetes de Hezbolá han matado a unos 40 civiles israelíes.

 

Jueves / viernes 10-11 de agosto

Nos informamos sobre lo acontecido tras el bombardeo de un edificio residencial por la aviación israelí en la barriada de Shyah, en Beirut, el 7 de agosto. Aún se estaban extrayendo de entre los escombros cuerpos de residentes muertos en el ataque. El jueves por la tarde, el saldo de muertos superaba la cincuentena.

También continuamos hablando con los familiares de personas muertas en localidades del sur de Líbano la semana anterior, cuyos cuerpos seguían sepultados entre los escombros, debido a los continuos ataques aéreos, que impedían a la Cruz Roja y al restante personal de salvamento aproximarse a dichas poblaciones para recuperar los cuerpos. El hijo de Mousa Abdallah Wahba, de 85 años de edad, y la sobrina de otro anciano, el juez Mahmoud ‘Aqil Hammoudi, ambos muertos en sus respectivos hogares de la localidad de Ainata el 21 de julio, a causa de un ataque israelí, buscaban ayuda desesperadamente para recuperar sus cuerpos, que permanecían enterrados entre los escombros. No obstante, no sería posible hacerlo mientras continuaran los ataques aéreos israelíes.

A última hora de la mañana del jueves, cuando charlábamos con una defensora de los derechos humanos en su oficina del centro de Beirut, vimos que el cielo se llenaba de folletos lanzados desde aviones israelíes. Cuando salimos de la oficina, recogimos algunos, que inundaban las calles. En ellos, se instaba los habitantes de Beirut a abandonar los distritos de Hay Sulm, Bourj al Bourajni y Shyah, ya que era probable que fueran sometidos a bombardeos por las fuerzas aéreas israelíes. El último de ellos, Shyah, había sido bombardeado por sorpresa tres días antes.

La mayor parte de las personas que recogían folletos parecían perplejas. Por un lado, se trataba de zonas, que hasta el momento, se habían considerado “seguras”, y por otro, era sencillamente imposible que los más de 100.000 habitantes de los tres barrios abandonaran sus casas, sin tener ningún sitio adonde ir. Un cuarto de la población total de Líbano ya había sido desplazada de sus hogares, y las escuelas, los parques públicos, etc., no tenían capacidad para albergar a un número elevado de nuevas personas desplazadas. Además, la población sentía que, dado que las fuerzas israelíes bombardeaban ciertas áreas sin previo aviso, era imposible saber dónde se estaba a salvo.

El jueves, el ejército israelí había advertido de que bombardearía cualquier camión que recorriera las rutas del norte, que llevan de Líbano a Siria. Teníamos previsto salir la mañana siguiente vía Siria (la única forma de salir de Líbano), por lo que debíamos estar preparados para cambiar de planes. Durante la mañana siguiente, se informó de que, en efecto, Israel había bombardeado ambas carreteras. La ruta más corta, por el cruce de al-Masna, que ya había sido bombardeada varias veces a lo largo de las semanas precedentes y que sólo seguía parcialmente operativa, había quedado totalmente inutilizada, mientras que la más larga, por el cruce de Aboudiyeh, también se había visto afectada al haberse bombardeado y destruido por completo, de la noche a la mañana, uno de sus puentes principales. Tuvimos que dar un rodeo, por lo que el ya de por sí largo viaje de salida de Líbano, se demoró aproximadamente una hora más.

 

Visita a Israel

Fotografía de edificio destruido en Haifa

Lunes por la mañana, 7 de agosto

Haifa

Habíamos programado reuniones a lo largo de la mañana con autoridades municipales y policiales de Haifa, y con algunas ONG de la zona. Tras los incidentes de la tarde anterior, no sabíamos si podríamos llevarlas a cabo. Aunque algunas de ellas se retrasaron, conseguimos mantenerlas todas. También nos enteramos de que dos de las víctimas, árabes de religión cristiana de unos 60 años, habían muerto a causa de las bolas de acero que contenían los cohetes. La tercera persona muerta era israelí de religión judía, y había perdido la vida en la zona del puerto, cuando corría a refugiarse.

Haifa es la tercera ciudad más grande de Israel, con 270.000 habitantes, y la mayor del norte. Los funcionarios municipales con los que nos reunimos nos informaron de que, contando los cohetes lanzados la tarde anterior, había habido 29 ataques directos contra Haifa hasta la fecha y 45 en total en la ciudad. Trece personas habían muerto y 251 habían resultado heridas. Las autoridades municipales calculaban que, antes del incidente de la noche anterior, el 30 por ciento de los habitantes de Haifa habían huido de la ciudad, de los cuales, unos 15.000 eran niños y niñas.

Durante los primeros días del conflicto, Haifa había sido alcanzada por varios cohetes, entre ellos uno que estalló en la estación de ferrocarril y mató a ocho empleados. Según el departamento de policía de Haifa, el cohete de la estación de trenes de Haifa del 16 de julio era el primero, que se supiera, que contenía bolas de acero. Según sus cálculos, el cohete, de 220 mm, contenía unos 40 kg de bolas de acero, es decir, aproximadamente 40.000 bolas. Todas las personas que se encontraban cerca murieron o resultaron gravemente heridas. Aunque las bolas pueden encontrarse por todas partes, cuando les pedimos si nos pueden dar alguna, tienen que hacer una llamada para asegurarse. Al final, les dan permiso para darnos cinco de las bolas, que mantienen a buen recaudo.

Irónicamente, dado que hacía una semana y media que no atacaban Haifa, la población había empezado a volver a la ciudad y las tiendas habían vuelto a abrir tras dos semanas de cierre. Cuanto más hablábamos con la población, más claramente veíamos cómo los cohetes habían afectado a la vida de la población civil de maneras que no habíamos imaginado. Por ejemplo, alrededor del 10 por ciento de la población supera los 75 años, y mucho de ellos tenían cuidadores, al menos a media jornada, que les ayudaban. Sin embargo, la mayoría de estos trabajadores de atención a la salud habían huido de la ciudad, dejando en manos de las autoridades municipales la responsabilidad de ayudar a los cientos de ancianos y ancianas que se habían quedado.

Otro problema al que tenían que hacer frente las autoridades municipales era que, en torno al 18 por ciento de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza. La mayoría de las personas que habían huido del norte, lo habían hecho con sus propios recursos. Algunas habían ido a vivir con familiares, otras más adineradas se habían trasladado a hoteles, y otras con mayores posibilidades aún, habían salido del país. Pero tanto en Haifa, como en cualquier otro lugar, muchos residentes de renta baja no tenían más remedio que quedarse. En cualquier caso, tras los ataques con cohetes de la noche anterior, las autoridades municipales pensaban que aún más personas abandonarían la ciudad para dirigirse al sur.

Policía de Haifa

"El problema es cuando suena la sirena y no pasa nada; la gente se confía y no se refugia", declara el jefe del departamento de policía de Haifa. "La mente humana se basa en la idea de probabilidad. Cuando oyes muchas sirenas y no te pasa nada, piensas que nunca te va a pasar nada."

"Hay tan poco tiempo, que estamos intentando acostumbrar a la población a no dirigirse a los refugios públicos, sino al lugar seguro más cercano, o incluso a tirarse simplemente al suelo", afirmó.

A medida que vamos recopilando estadísticas detalladas sobre las causas exactas de las muertes y las lesiones, resulta claro, tras la reunión con la policía de Haifa, que los cohetes que contienen bolas de acero son extremadamente mortíferos. Según nos informan, además de los cohetes de 220 mm, otros muchos cohetes de menor tamaño, de 122 mm, también han sido modificados para introducirles unos 4 kilos de bolas, es decir, unas 4.000. La policía nos contó que una persona había muerto en su coche, acribillada por el impacto de un cohete que había caído cerca, al descender una cuesta de entrada a la ciudad.

Al haberse ausentado tantos residentes, la policía ha tenido que movilizar una fuerza considerable para impedir el pillaje. Asimismo, la policía ha participado en las labores de ayuda humanitaria para los residentes que se han quedado. Al transitar la ciudad con la policía, ya era evidente que se habían marchado más residentes de los que había el día anterior.

"Empiezo a echar de menos los atascos de tráfico", concluye, "resulta duro ver una ciudad como Haifa sin vida".

A continuación, el jefe de policía nos lleva a la "unidad de desactivación de explosivos" de Haifa, que analiza los restos recogidos de los cohetes. Nos muestran fragmentos de Katiushas de 122 mm y 240 mm, esparcidos en el suelo. Nos dan a cada uno una bolsa de bolas de acero para que nos las llevemos.

Reunión con ONG de mujeres

Por la tarde, nos reunimos con representantes de dos organizaciones de mujeres de la ciudad. Nos comunican que, al igual que sucede en todos los conflictos armados, el sufrimiento de las mujeres para sobrellevar los efectos del conflicto es desproporcionado. Uno de dichos grupos, que ayuda a las mujeres a buscar trabajo, nos explica que, dado que muchas mujeres de renta baja trabajan como limpiadoras o en otros puestos que se pagan por día, se están quedando sin dinero o ya se les ha agotado. Las guarderías, los parvularios y otros centros han cerrado, por lo que al no tener dónde dejar a sus hijos, en todo caso sería difícil que fueran a trabajar. Alrededor de la mitad de las mujeres que viven bajo el umbral de la pobreza son madres solteras.

"Uno de los problemas a los que se enfrentan estas mujeres es que muchas de ellas tienen una renta tan baja que no se pueden permitir un teléfono para hacer llamadas, y sólo pueden recibirlas", nos explican. "Así que empezamos a llamar a todas las mujeres de nuestros listados para ver cómo estaban. Muchas no sabían qué servicios se ofrecían ni adónde tenían que ir para pedir ayuda. Algunas fueron a delegaciones del gobierno y se encontraron con que estaban cerradas o les comunicaron que no podían ayudarles".

"También hemos comprobado que, en algunos casos, el estrés de los cohetes y de verse obligadas a permanecer en un espacio cerrado o a entrar y salir de los refugios ha influido incluso en mujeres víctimas de la violencia doméstica", nos informan. "Llamábamos a mujeres que, con mucha dificultad, habían logrado dejar al maltratador. Cuando llamábamos a sus casas para ver si estaban bien y si necesitaban algo, era él quien contestaba al teléfono".

La salida de Haifa

Esa tarde, la delegación se reunió con miembros de la Sección Israelí, que participaban en una vigilia para pedir el cese inmediato de las hostilidades. Los activistas de Amnistía de ciudades de todo el mundo celebraron vigilias similares al mismo tiempo. La vigilia de la Sección Israelí tuvo lugar delante de una de las casas alcanzadas por un cohete. En dos ocasiones, mientras nos preparábamos para la vigilia, sonaron las sirenas de alarma de ataque aéreo, y tuvimos que correr al refugio de un edificio cercano.

Al atardecer, nos dirigimos a Tel Aviv. La ciudad estaba mucho más desierta que cuando llegamos. No vimos a casi nadie por la calle ni en coche. Aunque se encuentra sólo a una hora aproximadamente, Tel Aviv parecía otro país cuando llegamos. Todos los almacenes y restaurantes estaban abiertos. Había gente sentada en las terrazas de las cafeterías, y el tráfico era denso. Incluso pasamos junto a un parque de atracciones con un pequeño espectáculo de fuegos artificiales. Desde luego, no es algo que se pueda hacer en el norte sin matar de susto a la población.

No obstante, no tardamos mucho en ver los efectos de la guerra también aquí. El recibidor de nuestro hotel estaba lleno de personas, claramente evacuados del norte. Era evidente que no estaban de vacaciones. Según nos relataron algunas personas con las que hablamos, y según se informó también en los medios de comunicación, muchos israelíes alojados en hoteles se habían quedado sin dinero, por lo que se veían obligados a desalojar sus habitaciones. En Eilat, algunas personas se negaron a irse, y la policía tuvo que intervenir. Los medios de comunicación comunicaron que el gobierno había fletado autobuses para trasladar a la población de nuevo al norte, aunque más tarde empezaron a evacuar de forma organizada las ciudades que corrían mayor riesgo, como Kiryat Shmona.

Otras personas con las que hablamos nos comunicaron que quienes habían acogido en sus hogares a amigos o familiares del norte, también eran víctimas de la tensión. Los funcionarios de salud pública con los que hablamos explicaron que muchas familias de acogida se estaban "quebrando" por el peso que suponía albergar, alimentar y cuidar a huéspedes cuya estancia era indefinida. En consecuencia, algunas de las personas con las que hablamos se habían visto obligadas a trasladarse cinco o seis veces.

Martes, 8 de agosto

El martes por la mañana nos reunimos nuevamente con funcionarios del gobierno en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Jerusalén. Hablamos principalmente sobre las acciones de la Fuerza de Defensa Israelí en el sur de Líbano.

A última hora de la mañana, un miembro de nuestra delegación fue entrevistado por la televisión israelí. El entrevistador se mostró sorprendido por el hecho de que Amnistía Internacional hubiera enviado una delegación para investigar las violaciones cometidas contra los derechos humanos de los israelíes, cuando habitualmente denunciamos las que ellos cometen. Ésa es exactamente la clave, respondimos: Amnistía Internacional juzga a todas las partes, ya sean gobiernos o grupos armados, en función del derecho internacional humanitario. Los ataques deliberados contra civiles o el lanzamiento de cohetes de forma indiscriminada constituyen crímenes de guerra, al margen de quién lo haga.

Por la tarde, nos dirigimos a lo que probablemente sea el más sofisticado campo del mundo para personas desplazadas internamente. Durante los primeros días del conflicto, un adinerado empresario, al ver que el gobierno no actuaba con la celeridad suficiente para alojar a las personas desplazadas, decidió actuar por su cuenta. En la playa, cerca de Ashkelon, construyó una ciudad con tiendas de campaña para 6.200 personas, con 800 empleados asalariados. Los evacuados que tuvieron la suerte de acceder al campo antes de que se agotaran las plazas, cuentan con un lugar para dormir, todas las comidas incluidas y una espléndida vista al océano.

Un residente del campo con el que hablamos declaró que si estuvieran de vacaciones, pagarían gustosamente por alojarse allí, pero que aun así, querían volver a sus casas. La intimidad es escasa, les preocupan sus familiares y amigos que siguen en el norte, y no saben cuándo podrán irse. En cualquier caso, están preparados. Vimos sus maletas con ropa de niño cuidadosamente doblada. Según decían, tenían la esperanza de volver a sus hogares pronto, así que tenían que estar listos. La familia también se preocupa por el futuro: poseen una pequeña tienda de muebles, pero la mayoría de los pedidos han sido cancelados. Su clientela se ha visto obligada a invertir el dinero en hoteles en otros gastos básicos. Ellos se habían trasladado primero a un hotel, y luego a casa de familiares. Cuando oyeron hablar del campo, vinieron, y llevan en él tres semanas y dos días.

Incluso en este aparente paraíso el conflicto no está lejos. La administración del campo tuvo que informar a dos de los residentes de que habían perdido familiares cercanos a causa de los cohetes. Una mujer, madre de 12 hijos, había perdido a su marido, que se había quedado en el norte. Otra era la madre de una de las personas que habían muerto en Acre el día anterior a nuestra llegada.


Miércoles, 9 de agosto

Por la mañana, la delegación se divide para recabar el máximo posible de información durante nuestro último día. La mitad del grupo se dirige a reunirse con el "Comando de Defensa Civil". Accedemos a estadísticas más detalladas de las que teníamos. Las autoridades de la Guardia Nacional nos informan de que, hasta la fecha, 39 civiles israelíes han muerto y 1.300 han resultado heridos. Veintinueve de las lesiones eran graves, 57 moderadas, y las restantes leves. También se nos informa de que más del 50 por ciento de la población del norte ha huido. La cifra es difícil de constatar, dado que cambia continuamente, aunque coincide con las afirmaciones de otras fuentes.

También se nos informa de que el norte ha sido dividido en tres zonas en lo que se refiere a las instrucciones dadas a la población civil sobre la mejor manera de protegerse. En las ciudades y los pueblos situados más al norte, incluidas Nahariya y Kiryat Shmona, se les ha pedido que permanezcan en los refugios todo el día. En esa zona, los residentes no tienen tiempo de llegar a un refugio cuando se detectan los cohetes. En la segunda zona, que comprende Haifa y Tiberias, se ha ordenado a los residentes que permanezcan en espacios protegidos o en habitaciones interiores con el menor número posible de aberturas, ventanas y muros exteriores. El tiempo de alerta en Haifa es muy corto. Desde el momento en el que se detectan los cohetes y se hace sonar la alarma, la gente tiene entre 25 y 30 segundos. En la tercera zona se ha indicado a la población que permanezca en sus hogares, cerca de los refugios de sus respectivos edificios.

La otra mitad del grupo se reunió con un ex miembro de la Fuerza de Defensa Israelí, que facilitó más información sobre los cohetes disparados contra Israel. Según su información, dijo, 3.343 cohetes habían sido disparados contra territorio israelí hasta la fecha, con una carga explosiva combinada de 72.379 kilogramos. Además, añadió, 352 contenían bolas de acero.

De camino al aeropuerto, nos detuvimos en una exposición de la Fuerza de Defensa Israelí, en la que se mostraban armas que, según se afirmaba, habían sido confiscadas a Hezbolá en casas y alijos. Parecía estar dirigida principalmente a la prensa israelí, ya que pocos de los letreros estaban en inglés. La mayoría de las armas que se exhibían eran AK47.

Esa misma tarde, salimos de vuelta a Londres. Al llegar, lo primero que hacemos es consultar las noticias en Internet. Un niño de 5 años y su madre, de 26, han muerto víctimas de un cohete en la localidad árabe de Deir al-Assad. El hermano del niño, de 3 años, y otras 10 personas han resultado heridos.