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Esta acción ha finalizado. Gracias a todos los que han participado en ella. Amnistía Internacional sigue trabajando en el tema.
El 14 de agosto entró en vigor el alto el fuego aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU en su Resolución 1701. A pesar de que es un alto el fuego frágil, miles de civiles han empezado a regresar a sus casas con la esperanza de que el conflicto no vuelva a estallar.
Tanto Israel como Hezbolá deben garantizar que la llegada de ayuda humanitaria a la población civil de Líbano no encuentra ningún tipo de obstáculo. La comunidad internacional debe garantizar el suministro y la distribución de esta ayuda que tanto necesitan en Líbano.
Por otra parte, debe iniciarse sin demora una investigación internacional de las graves violaciones y abusos del derecho internacional humanitario cometidos por ambos bandos, y los responsables deben responder ante la justicia.
El demoledor ataque contra Qana es sólo un ejemplo de que durante el conflicto ambas partes han mostrado un desprecio manifiesto por las leyes de la guerra. La población civil de ambos bandos ha pagado el precio, puesto que abundan los crímenes de guerra.
El concepto de ‘zona de fuego libre’ es incompatible con el derecho internacional humanitario. El ataque contra Qana es sintomático del modo en que se ha librado este conflicto y refleja que, o bien Israel no adoptó las precauciones necesarias para proteger a los civiles, o bien lanzó intencionadamente un ataque desproporcionado contra la población civil.
Investigadores de Amnistía Internacional que visitaron Israel y Líbano estuvieron en Qana poco después del bombardeo y se encontraron con equipos de rescate sacando cadáveres de niños de entre los escombros y excavando furiosamente en busca de supervivientes. En el hospital de Tiro, Mohamed Qasem Shalhoub contaba que, cuando se produjo el ataque –en el que perdió a su esposa, a su madre anciana y a cinco hijos de entre 2 y 11 años–, estaba en una habitación del sótano y 17 niños dormían junto a él, de los cuales sólo uno había sobrevivido. Otra sobreviviente, que en el ataque perdió a una hermana y un hermano, contó a Amnistía Internacional que ella y sus familiares llevaban 10 días escondidos en la casa y durante el día sólo salían para lavarse, y que las fuerzas israelíes debían de haber detectado su presencia en alguno de los frecuentes vuelos sobre la ciudad de sus aviones teledirigidos de vigilancia.
Alrededor de 900 civiles, muchos de ellos menores, han muerto en Líbano, y centenares de miles se han visto obligados a huir de sus hogares por los ataques aéreos y las amenazas de ataque israelíes. El ejército israelí ha destruido las casas de decenas de miles personas, y se teme que la destrucción sea masiva en los pueblos cuyos habitantes se han visto obligados a huir. Los reiterados ataques aéreos israelíes han destruido puentes, carreteras, redes eléctricas y otras infraestructuras civiles esenciales, paralizando la vida en Líbano. Las fuerzas israelíes han atacado también vehículos ocupados por familias que huían de sus hogares en el sur de Líbano y camiones que transportaban alimentos, así como ambulancias, a equipos de rescate y a observadores de la ONU.
Al menos 39 civiles israelíes han muerto y centenares más han resultado heridos a causa de los cohetes disparados por Hezbolá desde el otro lado de la frontera.
Durante el conflicto las partes enfrentadas han hecho oídos sordos a los llamamientos para que acatasen las leyes de la guerra y protejiesen a la población civil. Israel ha dirigido ataques desproporcionados y selectivos contra civiles y trabajadores humanitarios, y Hezbolá ha lanzado cohetes contra centros de población civil israelíes. Según el derecho consuetudinario internacional, lanzar ataques desproporcionados o indiscriminados de manera intencionada o atacar deliberadamente a personas u objetivos civiles es un crimen de guerra.
Petición original:
Exige el fin de los crímenes de guerra a todas las partes involucradas en la crisis de Oriente Próximo
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