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Hemos sido 14.050 firmantes
Está acción ha terminado. Gracias a las más de 14 mil personas que han sumado su firma para pedir al gobierno de Israel que ponga fin a las demoliciones de viviendas palestinas en Cisjordania, incluido Jerusalén oriental, y de los pueblos beduinos del sur de Israel.
Amnistía Internacional continúa trabajando por el derecho a una vivienda digna de la población palestina y de los pueblos beduinos isralíes.
Si quieres participar en otras acciones sobre Israel y Territorios Palestinos Ocupados, pincha aquí.
Petición original:
“Alrededor de 30 policías y miembros de las fuerzas especiales, acompañados por tres excavadoras conducidas por contratistas civiles, llegaron mientras los niños aún dormían. La policía acordonó rápidamente la zona. La cuadrilla de demolición sólo sacó algunos muebles de la casa antes de empezar la demolición, y no nos permitió sacar nada más. Sólo después de rogarles, nos dejaron sacar el ordenador portátil de nuestra hija Amal, que ella necesita para sus estudios universitarios.”
Rida Nimr cuenta a Amnistía Internacional la demolición de su casa el 29 de octubre 2009 en Jerusalén, que había pertenecido a su familia durante tres generaciones.
En Jerusalén Oriental y el resto de Cisjordania las viviendas palestinas declaradas como “ilegales” por las autoridades israelíes pueden ser demolidas en cualquier momento, sin previo aviso y sin compensación alguna para sus habitantes. Las autoridades israelíes consideran “ilegales” los edificios construidos sin los permisos adecuados, que ellas mismas expiden y que se deniegan sistemáticamente a los palestinos. En estas zona ocupadas por Israel, las restricciones impuestas a los palestinos para poder construir sus casas son tan severas que su legítimo derecho a una vivienda adecuada está siendo violado. Al mismo tiempo, se permite la ampliación de los asentamientos israelíes en tierras palestinas confiscadas ilegalmente.
Algunas cifras:
Un buen ejemplo de esta política son las demoliciones llevadas a cabo el pasado 19 de julio por el ejército israelí en los pueblos de Hmayyir y ‘Ein Ghazal, en el valle del Jordán. Durante las mismas, 74 estructuras, 26 de las cuales eran viviendas familiares, fueron destruidas. Las estructuras pertenecían a 21 familias palestinas, y en ellas vivían 107 personas, incluidos 52 niños. También fueron demolidos edificios agrícolas necesarios para los medios de vida de las familias afectadas.
Las demoliciones también afectan a pueblos beduinos de Israel, que no están reconocidos por las autoridades israelíes a pesar de que sus decenas de miles de habitantes son ciudadanos israelíes y de que tienen derechos históricos de residencia allí. Un buen ejemplo de esta política es la destrucción reiterada del pueblo beduino de Al 'Araqib, donde viven alrededor de 250 personas, un tercio de ellos niños y niñas. Desde julio las autoridades israelíes lo han destruido en seis ocasiones. Los persistentes intentos de la población y quienes la apoyan de reconstruir sus hogares han encontrado por respuesta más destrucción. Sus habitantes, a quienes no se concede permiso para construir casas ni cultivar tierras y que no cuentan con servicios básicos como agua y electricidad, temen que en cualquier momento vuelvan las máquinas excavadoras a destruir sus precarias viviendas.
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