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"Yo estuve en Inglaterra trabajando. Llegaba de un país de intransigencia, y allí me encontré con un grupo de personas de diversa ideología que estaban trabajando por un preso de conciencia en África. Aquello hizo que me enamorara de la organización."
Carmen Soto, activista de AI en Valencia
“Soy activista porque me harté de ser una persona más de las que dice ‘yo no puedo hacer nada’. Con Amnistía Internacional descubrí que sí se pueden hacer cosas.”
Andrés Krakenberger, activista de AI en Vitoria Gasteiz
Peter Benenson, fundador de Amnesty Internacional, fue muy sensible a la situación que se vivía en España durante el régimen franquista. Ya en 1960 se manifestó en Londres junto a 5.000 personas, muchos de ellos exiliados españoles, en protesta por la visita a Reino Unido de Fernando María Castiella, entonces ministro español de Exteriores. Un año después escribía The forgotten prisoners (Los prisioneros olvidados) en The Observer, sobre dos estudiantes portugueses encarcelados por brindar por la libertad. Ese primer artículo, con el que nació virtualmente la organización, ya se hacía eco de dos casos españoles: los del abogado socialista Antonio Amat y el entonces profesor universitario Enrique Tierno Galván. Así, los primeros hitos de la organización internacional estuvieron repletos de historias españolas. Uno de los primeros presos políticos españoles que Amnistía Internacional consiguió liberar fue a Fernando Macarro Castillo, poeta conocido como Marcos Ana, liberado en 1961 después de 23 años en prisión. En muy pocos meses de trabajo, la organización había conseguido una de sus primeras victorias.
Se trabajó también por casos como el de Ramón Álvarez, militante anarcosindicalista; Miquel Coll i Alentorn, historiador y dirigente del movimiento de la democracia cristiana de Cataluña; Joseba Elósegui, dirigente del PNV; Simón Sánchez Montero, del Partido Comunista; Marcelino Camacho de Comisiones Obreras; y Albert Boadella, director de la compañía Els Joglars.
El 21 de noviembre de 1975, un día después de la fecha oficial de la muerte de Franco, Amnesty International enviaba desde Alemania un telegrama al futuro Rey de España en el que le urgía a que amnistiase a los más de 4.000 presos políticos que seguían en cárceles españolas.
Años más tarde, y después de ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz el 10 de octubre de 1977, Amnistía Internacional abandona la clandestinidad y se establece legalmente en España después de las primeras elecciones democráticas y tras recibir la autorización oficial del Consejo de Ministros el 10 de febrero de 1978. El 27 de junio de ese año, se presenta simultáneamente en Madrid y Barcelona el primer Informe Anual de Amnistía Internacional en castellano. El 15 de julio se celebró la primera Asamblea Constituyente en Barcelona, en la que Manuel Casanoves se convierte en el primer presidente de AI España. En estos primeros años, Amnistía Internacional se afianzó como un referente en la sociedad española en la defensa de los derechos humanos; las campañas sobre presos de conciencia en la Unión Soviética o las primeras noticias sobre las desapariciones en Chile o Argentina obligaban a desligar los derechos humanos de posicionamientos políticos e ideológicos, consiguiendo así la total independencia de que hoy goza la organización.