Desde que estalló el segundo conflicto en Chechenia, hace más de seis años, se han registrado casos de desaparición, ejecuciones extrajudiciales, torturas y malos tratos a manos de las fuerzas de seguridad; también ha habido homicidios indiscriminados de civiles a manos de grupos armados. La impunidad para los responsables de estos abusos hace que se perpetúen. En total, en Chechenia existen según agencias internacionales alrededor de 180.000 desplazados internos. Las autoridades rusas ponen trabas a que se hable de lo que pasa en Chechenia e Ingushetia. La información de la zona se restringe, presionando y hostigando a organizaciones de derechos humanos, activistas, abogados y periodistas independientes, que en algunos casos han llegado a “desaparecer”.
Oksana Chelysheva cumple dos de los requisitos fundamentales para estar en el punto de mira de la administración rusa: es periodista, dirige la Agencia de Información Ruso-Chechena y es subdirectora de la Sociedad para la Amistad Ruso-Chechena. Una organización que trabaja “para sacar a la luz lo que las autoridades de Putin quieren ocultar, lo que no se refleja en la mayoría de los medios oficiales”.
Por este tipo de trabajo, desde el año 2000 se han producido varios casos de presuntas torturas y malos tratos, “desapariciones” y ejecuciones extrajudiciales de miembros de la Sociedad para la Amistad Ruso-Chechena. Pero la presión contra la organización fue mayor después de la masacre del colegio de Beslán en septiembre del 2004. La organización actuó como intermediaria en la creación de un comité de rescate de los rehenes que estaban en el colegio. Fue una incómoda testigo de lo que acabó en una masacre de escolares.
Oksana empezó a recibir amenazas directas el 14 de marzo de 2005. “A los buzones de mi barrio empezaron a llegar panfletos en los que se me acusaba de traidora, simpatizante y colaboradora de actividades “terroristas” chechenas. Había que acabar conmigo. Durante todo el día llegó gente a mi casa para avisar a mis padres, porque en los panfletos venía mi dirección. La segunda tanda de amenazas llegó en septiembre. Los términos eran más duros, se hablaba directamente de que había que matarnos. Daban nombres y números de teléfono para organizar el asesinato”. Por seguridad, Oksana ha tenido que salir temporalmente de Rusia, pero pese a estar fuera “siguen leyendo sin ningún tipo de disimulo mis correos electrónicos”. Pero mantiene que hay que hacer frente a las amenazas, y para ello son básicos buenos abogados y la presencia de observadores internacionales.