La historia de Marie Nabimana es la historia de su país. Especialmente trágica en los últimos 15 años. Nacida en 1952 y enfermera de profesión, trabajaba en el hospital de Ruhengeri (en el noroeste de Ruanda) cuando se produjo el genocidio de 1994. Se refugió con su familia en la República Democrática del Congo hasta que las condiciones de seguridad permitieron el regreso.
En 1997, sin embargo, la violencia volvió a estallar. Fue entonces cuando Marie comenzó a colaborar como activista con LIPRODHOR (Ligue Rwandaise pour la Promotion et la Défense des Droits de l'Homme). “Mi trabajo consistía en denunciar las injusticias y los actos criminales que cometía el régimen contra la población, el ejército hacía desaparecer a los hutus que habían trabajado con el anterior Gobierno. Elaboraba informes y se los daba al responsable de LIPRODHOR en Ruhengeri”.
El Gobierno la acusó de filtrar información secreta al enemigo en esos informes. Y la sombra de la sospecha se extendió muy pronto a su lugar de trabajo, incluso al vecindario. El argumento de Marie era tan sencillo como incomprendido: “Yo no soy política, sólo trabajo en defensa de los derechos humanos.”
El nivel de las amenazas alcanzó su máximo grado el 1 de diciembre de 2005, cuando agentes del Estado fueron a buscarla con la intención de matarla, acusándola de sabotear al Gobierno. Sólo la intervención de un amigo de sus hijos le salvó la vida. Cambió de ciudad, se fue a vivir a casa de su hija, pero también allí la encontraron. El día que fueron a por ella, su yerno se negó a entregarla y entonces se lo llevaron a él. Se dio cuenta de que su presencia en Ruanda también ponía en peligro a su familia y decidió irse del país. Era febrero de 2006. La huida a pie, sola, entre montañas duró más de un mes.
Sólo al cruzar la frontera se atrevió a coger un autobús que la dejó en Kampala el 15 de abril de 2006. Poco después, en julio, la siguió una de sus hijas.
“En Uganda, la situación no es buena, nos escondemos todo el tiempo, cambiamos de alojamiento”, explica. “Aquí han secuestrado a muchos ruandeses. Al Gobierno ruandés no le gusta que estemos tan cerca. Alguna vez ya han venido a buscarme. Tenemos que ser muy prudentes, casi no vamos al centro de la ciudad”.
Marie no descarta la idea de volver a Ruanda pero no en estos momentos, ya que “quienes intentaron asesinarme siguen en el poder”. Su relato termina con un lamento: “Mis hijos siguen en Ruanda. También ellos tienen que esconderse. No sé exactamente dónde están. No tengo noticias suyas desde hace mucho tiempo”.