“En muchos países de África la gente no conoce sus derechos, sobre todo en las comunidades rurales”
FREDERICK WANGABO Y PASCAL CIKAMBASI
REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

En dos ocasiones han tenido que huir de su país, la República Democrática del Congo (RDC). La primera, empujados por la guerra. La segunda bajo amenaza del Gobierno.

Frederick Wangabo y Pascal Cikambasi se conocieron en Kenia, donde está la sede de World Peasants Organization, donde trabajan. Comparten un proyecto sencillo y ambicioso: extender la educación en derechos humanos por la región de los Grandes Lagos. “En muchos países de África la gente no conoce sus derechos, sobre todo en las comunidades rurales”, explican. “Este proyecto consiste en enseñarles a entender a los otros, a dialogar, a vivir juntos, a conocer cuáles son sus derechos y deberes en la sociedad”.

Tras lanzar el proyecto en Nairobi, el Gobierno de la RDC les invitó a trabajar en su país. Los problemas empezaron cuando reivindicaron su independencia de la política nacional, al tiempo que repetían mensajes ‘subversivos’: “Podéis escoger a los líderes que queráis”, “vosotras, mujeres, tenéis derechos”, “el Gobierno también tiene obligaciones”, etc. El 30 de septiembre de 2005 la justicia militar de Sud Kivu emitió una orden de búsqueda y captura contra ellos y otras personas acusándoles de traición, atentado a la seguridad del Estado, espionaje e incitación al odio tribal. La iglesia católica local se enteró de la orden de arresto y logró sacarles del país a tiempo.

Frederick y Pascal son refugiados en Uganda pero eso no les ha dado más seguridad. Tras dos intentos frustrados, en noviembre de 2006 militares de la RDC en connivencia con agentes ugandeses los secuestraron, interrogaron y torturaron durante varios días. De aquella experiencia tienen grabada la sensación de desprotección: “Los militares de la RDC nos decían que para qué habíamos huido del país, que ahora éramos refugiados. ‘Podemos hacer con vosotros lo que queramos’, nos repetían”.

Su situación sigue siendo difícil pero han conseguido avanzar en su proyecto con la ayuda de organizaciones como Amnistía Internacional. También han elaborado una Declaración Universal de Derechos de los Pueblos Campesinos e Indígenas, que han presentado a Naciones Unidas para su debate y aprobación. Cuando se les pregunta de dónde sacan fuerzas, no dudan: “El sufrimiento nos ha hecho más libres”.

Consideran fundamental que la comunidad internacional diferencie entre poblaciones campesinas e indígenas. Saben de lo que hablan. Frederick es pigmeo: “Los campesinos tienen un lugar donde vivir y pueden participar, al menos en parte, en las actividades del país. Sin embargo, los pigmeos somos nómadas, no tenemos tierra, no vamos a la escuela, somos discriminados, no tenemos derechos. El Gobierno de la RDC ni siquiera nos ha reconocido”.